David H. López
David H. López

Los contendientes desde hace cuatro años arrancaron una carrera sin perdonar un minuto ni un metro. Resulta desconcertante para efectos democráticos que las elecciones primarias del nuevo partido hegemónico sean definidas por encuestas, pero ese es otro cantar.

¿A qué se enfrentan Marcelo, Claudia, Adán, Ricardo y con creciente popularidad Gerardo? De entrada al halo de fantasmas que sin existir pueden congelar un sistema y a las conductas derivadas de dichos espectros.

Me explico. Sus opositores piensan que, muy propio de sus “raíces priístas”, López Obrador va a destapar un candidato para que sea ungido por Morena, haga campaña por el nuevo “partidazo” y en un proceso que se antojaría mero trámite, se enfunde la banda presidencial en diciembre de 2024. Los nostálgicos hasta lo ven factible, pero la secuencia no guarda vínculo alguno con la realidad.

Es decir, un México que habría dado un salto cuántico al escenario en que baste una llamada de Gobernación para acallar a Televisa y su ForoTV y enviar a la Siberia de los comunicadores a la barra de opinión encabezada por los neoliberales del lunes en la noche. Acto seguido, se intervienen los principales periódicos, y un grupo militar se asienta en las principales sedes de las redes sociales y servidores de los principales servicios de Internet en el país. Sí, de tan distópico, raya en lo risible. Un mexicano que hubiera caído en coma en 1999 y despertara ahora tal vez podría creerlo. Es decir, alguien que ignorara todo lo ocurrido en México en los últimos 20 años.

La carrera se desarrolla, en cambio, en un sistema político que todavía no madura como democrático donde el ejemplo más elocuente es la incapacidad del principal partido del país para organizar elecciones primarias y para designar su comité ejecutivo nacional. Por ello, el primer morenista de la nación aconseja (tira línea, dicen otros…) recurrir al método de encuestas para desahogar el problema. Y sí: es una solución imperfecta, pero solución al fin.

Además no olvidemos que el escenario de un solo triunfador y al menos tres perdedores resentidos y listos para ir en una candidatura con otro registro está allí. Por cierto: el transfuguismo es también un síntoma de la democracia en pleno. Si bien en muchos casos se le equipara a la perfidia, será cuestión de ver ejemplos como el de Winston Churchill para ver que cambiar de partido se antoja hasta de normalidad democrática.

Quien más se perfila para romper con el morenismo es el senador Ricardo Monreal, no importando ni el desarrollo de la contienda interna ni su desenlace; total: cualquier escenario se antoja posible menos que Monreal resulte candidato presidencial de Morena. Esa negación política e ideológica de un partido para uno de sus militantes más prominentes puede constituir la fisura en su coraza.

Mientras tanto, Ebrard acaba de tomarse una selfie en los funerales de la reina de Inglaterra, Noroña sigue tan activo como siempre en sus canales de youtube y Facebook, Sheinbaum continúa desplegando comunicación acompañada de actos de gobierno al igual que el otro López (Adán Augusto).

Cada uno despliega la narrativa que lo postula como la mejor versión posible de la línea de continuidad de la 4T. Corren su carrera para posicionarse ante la opinión pública quien, en resumidas cuentas, dictará un veredicto que no terminará de antojarse como enteramente justo.

¿Quién va ganando? Morena. Mientras, la carrera iniciará su etapa más cruenta; no hemos visto nada, comenzaremos a ver las mejores capacidades comunicacionales y de operación de los aspirantes; también las de ruindad y vileza.

¿En qué punto queda la malograda alianza Va por México? Herida de muerte, pero no muerta; de ella nos ocuparemos después.


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