SIN PALABRAS

Que es difícil describir”, se lee en las condolencias para Araceli, la policía que este jueves fue asesinada en Guadalupe junto a su hija, de 17 años de edad, porque está de sobra demostrado que en Zacatecas la violencia siempre puede ser peor. Y peor.

Tiene razón quien afirma que ni los números que las instituciones ajustan a modo, ni un parte policiaco mal redactado, ni otro machote de esquela de la SSP abarcan el dolor de una familia destruida, en un ciclo que hemos visto repetir sin que alguien responda por la barbarie. Nadie.

Porque hasta el momento lo que ha confirmado la Vocería de eso que llaman “Mesa Estatal de Construcción de Paz” es que efectivamente es la voz de lo que, imaginamos (quizá tememos), piensan las autoridades de las víctimas: Reducidas a nada.

Y es que no se necesita ser estudioso del lenguaje para saber que hay un abismo de diferencia entre que una policía, una mujer, una persona, “pierda la vida” y que sea diga lo que fue: cruelmente asesinada, en su casa, con su hija.

ATROCIDAD

Apenas fueron 8, 10, 12 horas… no sé, he perdido la noción del tiempo”, se lee también en la despedida. Y sí, fueron apenas horas las que pasaron desde que los secretarios que se dicen de Seguridad y de las Mujeres, junto con un montón de funcionarios vestidos de blanco, se juntaron para repetirse algo así como que “la transformación está en uno mismo”. El colmo de nuestros males.

El miércoles, con la presidenta del SEDIF, Sara Hernández, Adolfo Marín y Zaira Villagrana protagonizaron el teatro de la nueva gobernanza e inauguraron el “Encuentro Estatal de Mujeres Recorriendo Juntas hacia la Igualdad del Amor y la Paz”. El nombre es de ellos.

Lo trágico es que a ese encuentro habría acudido la policía hoy asesinada, para celebrar el Día Internacional de la Paz. Horas después, a ella y a su hija les arrebataron la vida.

Y no les decimos que esperemos a escuchar qué dicen los que ahí estuvieron acerca del doble feminicidio, para ponerle un nombre más preciso a la atrocidad que se cometió en Guadalupe, porque ya lo sabemos.

DESPRECIO

Para rematar y valga el verbo para nuestra desgracia, hizo falta que el secretario de Salud, un tal Uswaldo Pinedo, hiciera enojar a la lideresa del Sntsa 39, Norma Castorena, para que los miles del sector (o así se espera) se unan a la manifestación de una decena de familiares que exigieron encontrar al enfermero José Refugio Robles, desaparecido en uno de esos trayectos de trabajos dobles, porque la inflación tampoco perdona.

Alguien, que seguramente tiene muy poco aprecio por eso que nombraron nueva gobernanza, recomendó que este contexto era un buen momento para exigirles que se pongan a trabajar, “que se sensibilicen”, a los empleados de hospitales a los que no solo se acude en condiciones de pena, en la mayoría de los casos, sino con miedo, porque no hay lugar, ni una casa hogar del SEDIF, donde uno se sepa a salvo en este estado.

Y con esa poca vergüenza, quien encabeza la SSZ es capaz de menospreciar al personal al que ojalá no se le olvide que lo señaló con el dedo en situación de pandemia, de precariedad, de inseguridad… y no pasó nada. Como al resto de los titulares y ya va un año.


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