Saúl Ortega
Saúl Ortega

El lago del Centro Recreativo La Encantada, en la capital del estado, se seca lenta e inexorablemente. En caso de que no lleguen unos cuantos buenos aguaceros, lo más seguro es que los peces y los patos, que han visto reducido el espacio para nadar, terminen chapoteando en unos cuantos charcos de agua.

Lo más triste del asunto es que el problema de la falta de agua, del cual se habla casi hasta el infinito y realmente nadie hace nada, no es exclusivo de este lugar de reunión para las familias zacatecanas durante los fines de semana.

Si hacemos un poco de memoria, todos los años, autoridades federales, estatales y municipales se desviven con la elaboración de planes de manejo eficiente del agua, se organizan tandeos y sugieren una y mil formas de ahorrar el agua; como quiera que sea, hacen un esfuerzo para tratar de concientizar a la población en la necesidad de ahorrar agua.

(Breve comentario al margen: Cierto es que repetiré la palabra  “agua” tantas veces como se requiera, porque nadie, al menos que yo conozca, dice: ‘Voy a servirme un vaso con el vital líquido’).

De regreso al tema, así que de forma eficiente o deficiente, las autoridades tratan de hacer su parte; es aquí donde veo el problema: la ciudadanía se niega, primero, a reconocer este esfuerzo y, segundo, no acepta o no ve la necesidad de ahorrar agua. Bueno, en este punto tal vez unos cuantos sí lo hagan.

Estoy convencido de que, salvo en las colonias donde el agua llega una vez a la semana, la mayoría de la gente (me incluyo), deja correr el agua impunemente cuando se baña, sin importar que se desperdicien, en promedio, hasta 20 litros de agua por minuto.

Están, además, y de éstos sí me excluyo, los que lavan su banqueta y vehículo a manguerazo limpio; se estima que ahí se van algo así como 10 litros de agua por minuto: una barbaridad.

Entonces de nada sirven los tandeos y recomendaciones si como población no hacemos nada por ahorrar agua en nuestros hogares y enseñamos a conservar este recurso, no necesariamente sólo a los niños, sino a todos quienes lo desperdician.

Así que tomemos conciencia, porque si no, vamos a terminar como los peces y patos de La Encantada, peleando por beber y chapotear en unos cuantos charcos.

 

Por no dejar

¿Las campañas? ¿A poco hay en Zacatecas? No, pos sí.


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