Enrique Laviada
Enrique Laviada

El alboroto que se ha armado en redes sociales sobre los sueldazos que reciben, al parecer, los integrantes de algunos ayuntamientos gobernados por Morena, no es para menos.

Confieso que no tengo muy en claro a quién se le podía ocurrir ganar poco más o menos lo mismo que gana el presidente de la República, aquí, en un humilde municipio de uno de los estados más pobres y con escaso desarrollo como el nuestro.

Primero supimos que en la capital Ulises Mejía y sus amigos no habían tenido empacho en asignarse sueldos que, debo suponer, son acordes en su cuantía a los grandes esfuerzos que realizan, a diario, por demostrar sus cualidades histriónicas.

Empezaron sus escenificaciones, según recuerdo, creyendo que fue gracias a sus cualidades, talentos y trayectorias, como llegaron a los cargos que actualmente ocupan.

De modo que tanta capacidad tendría que traducirse en una paga que fuese digna de las nuevas estrellas en el firmamento político (la ironía es cruel), justo a la medida de los sonrientes y engominados jovenzuelos que se disponían a brillar con luz propia y otras alucinaciones por el estilo.

Por cierto, ante el inevitable escándalo en las redes, los muchachos han respondido con evasivas o desplantes propios de su afortunada condición, sin que hasta ahora demuestren que es mentira lo que se ha dicho, sólo lo niegan, pero no publican ni afirman ni demuestran que están libres de culpa y exceso.

El caso de J.C. Chávez presenta síntomas todavía más agudos de frivolidad y escaso entendimiento (no es ironía en modo alguno), del papel que le debería tocar, atenido a las versiones de que los líderes del movimiento que lo llevó a ocupar una de las alcaldías más complejas y lastimadas por la violencia, siempre le solaparían sus ridiculeces.

Pero tenemos la confirmación, de buena fuente, que anda equivocado y muy pronto tendría que someterse a un tratamiento intensivo de seriedad y responsabilidad para cumplir con su trabajo de alcalde, no de comediante.

En ambos casos, pareciera urgente que Morena les hiciera un extrañamiento por el dispendio de recursos en banalidades y simulacros propagandísticos, además de limitar su voracidad individual, alineándose con la austeridad y la entrega que es la norma presidencial y cualidad indiscutible de López Obrador, y sin repelar.

En efecto, como lo ha dicho un buen amigo contador: en nuestro estado no hay municipio que aguante semejantes sueldazos de sus funcionarios, ni pueblo que les aguante aquello de que se haga y bien aquello de la austeridad republicana, pero en otros rumbos, lo suficientemente lejanos.

Y en verdad, lo único que tendrían que hacer los alcaldes aludidos para poner a salvo su dignidad y apego a los principios de Morena sería, simple y sencillamente, publicar sus talones de pago recientes para atajar cualquier sombra de duda.

Porque la duda ofende, y los suldazos aún más.

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Acertijo

Congruente: adjetivo escaso o que no abunda


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