Marco Antonio Flores Zavala
Marco Antonio Flores Zavala

Algo de Banamex, Iturbide y Ruelas

 

El martes de esta semana, Citigroup Inc anunció que saldría de la banca en México, como lo ha hecho en otras latitudes de Latinoamérica. El acto significa que pone a la venta el emblemático Banamex y sus empresas financieras –son 1,178 marcas ligadas al consorcio-, “entre otros”. En “otros” está la Fundación Cultural Citibanamex, de esto todo protegido por leyes y decretos sobre el patrimonio histórico, cultural y artístico hecho en el país (se entiende que son de propiedad privada, pero tienen reconocimiento de su valor por y para el Estado mexicano).

El tema histórico del Banco Nacional de México (creado en la década de 1880) es importante, está ligado al proceso permanente de la construcción del Estado nacional, en su faceta económica e institucional. En esta colaboración anoto detalles vinculados a la historia zacatecanista (narrativa unificadora de y sobre actores y acciones provenientes de la región). La empresa en venta tuvo como sede cultural al Palacio de Iturbide, tal denominación se debe a que el líder independentista Agustín de Iturbide tuvo como residencia provisional tal lugar. Allí recibió la aclamación para ser el emperador del imperio mexicano. Los salones del palacio sirvieron para conspirar y armar ataques y defensas de la efímera monarquía postvirreinal –dos representantes zacatecanos fueron asiduos al edificio: José María Bocanegra y Valentín Gómez Farías-. Aunque era conocido como Palacio de Iturbide, el lugar era propiedad del matrimonio Moncada-Berrio y Campa, ella fue nieta del primer conde de san Mateo. La edificación emblematiza la fortuna reunida en la minería y las actividades del campo en las provincias de Zacatecas y Guanajuato. El vástago, Juan Nepomuceno, bisnieto del conde, fue quien prestó voluntariamente la Casa Moncada a Iturbide.

La trayectoria del edificio –sita en la calle Madero de la Cdmx-, usted puede considerarla en las redes o en publicaciones impresas. Hoy día es sede de la Fundación Cultural Citibanamex: Allí miré obras referenciales de los relatos zacatecanistas: La alegoría de la Constitución de 1857 de Petronilo Monroy; pinturas del museo del ex convento de Guadalupe; y, de Julio Ruelas –parte de su obra es propiedad de Banamex-.

En el mítico palacio dos cuadros de Ruelas me provocan: uno es el retrato de su hermana Margarita Ruelas Suarez (1897). Ella está ataviada con un elegante vestido color negro; esto es muy distante a las pinturas donde plasma atrevidas escenas con mujeres, como La Domadora (1897). El mirar a Margarita me indujo a proseguir la historia familiar, desde el padre dibujante en periódicos de Zacatecas, hasta la madre teulense, de apellido Caloca. La otra pintura, marcada en mi memoria, es El general Sostenes Rocha y su estado mayor (1901). Me parece que es una obra síntesis, si bien es contemporánea a las ilustraciones de la revista Moderna, en la del militar hace homenaje a su viejo profesor y síntesis de su destreza artística. Tal obra está en el libro de tercero de primaria, dedicado al estado de Zacatecas (Entidad donde vivo: Zacatecas by Rarámuri – Issuu).

 

Lo Top

Al fin pude asistir a la exposición Oda al arte y sus creadores, montada en el ex templo de San Agustín. Con este hecho, la Galería Irma Valerio celebra 30 años como empresa cultural. Recorrí la exposición con gusto –en el lugar coincidí con un par de turistas que tomaban imágenes y conversaban sobre algunos artistas y lo expuesto-. En la mítica lonja está parte de lo que gestiona doña Irma, desde un dibujo de Julio Ruelas, hasta una escultura de Manuel Felguérez. En el ex altar mayor están otra parte de los maestros pintores. Sí son vértice, como lo puesto en las capillas y galeras laterales, hay de jóvenes como Gaby Suárez, Susana Salinas y Carlos Sánchez; adultos como Gonzalo Lizardo, Javier Cortés y Juan Carlos Villegas; admitidos maestros de arte como Chucho Reyes, José Esteban Martínez y Emilio Carrasco. Es notorio que en Oda al arte y sus creadores no hay un discurso, escuela o algún otro invento unificador, están 60 propuestas que representan itinerarios artísticos diferentes, con aprecio de otros tantos públicos consumidores.

 

El traspié

El fallecimiento de Tomás Mojarro fue lamentado en las redes y notas de periódicos impresos. En lo leído hay reconocimiento a la trayectoria de un escritor, maestro y columnista en prensa y radio UNAM. Contrario a las manifestaciones de duelo y reconocimiento, las autoridades estatales actuales dieron cuenta de ser ajenos al hecho y el no tener como referente a Mojarro, una persona que presumía en su haber el nacer en Jalpa y de ser una voz crítica en la esfera pública. Me sorprende que la esquela gubernamental lo definiera como “locutor”; pero más todavía, siendo un amigo en buena lid del Sizart, los actuales directores locutores del Sistema hicieron silencio, como método de guardar su ignorancia.


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