Alfonso Carlos Del Real López
Alfonso Carlos Del Real López

Tiempos violentos

 

Llevo algunos años trabajando fuera de Zacatecas. A partir de que tomé la decisión de privilegiar mi formación académica, que empaté con la posibilidad de trabajar en el gobierno federal, he estado viviendo entre Zacatecas y otros lugares.

En su momento, a la distancia, viví la elección local en Zacatecas de 2021. En aquél entonces escuché y leí cómo distintos aspirantes a cargos de elección popular daban a conocer determinadas propuestas con el propósito de convencer al electorado de que representaban la mejor opción. Entre las ofertas de acciones se hablaba de las vinculadas al tema de seguridad y en ellas destacaba un verbo: fortalecer.

Soy un convencido de que esa palabra se toma con una ligereza tremenda. De acuerdo a la Real Academia, fortalecer significa “hacer fuerte o más fuerte a alguien o algo” o “adquirir [una persona] fuerza física o moral.”. La lógica de su aplicación es sencilla, por supuesto, pero no reparamos en el cómo. Y ahí, en los detalles, es donde las cosas se complican.

Lo primero que debemos considerar, ciudadanía y gobierno, es el contexto en el que se da un fenómeno en particular que afecta a una gran parte de la población, directa o indirectamente; éste del que estamos hablando -llámese, para fines de esta colaboración, la percepción de inseguridad- no es algo que se construye de un día a otro. Es el resultado de una suma constante de episodios de violencia durante determinado periodo que, sumado a otros, dan como resultado esa percepción generalizada.

Hoy vivimos tiempos violentos. Tenemos la presencia permanente de la violencia. Para fines de lo que quiero compartir, cito textual una parte de un texto de Mauricio Bergman (La violencia en México: algunas aproximaciones académicas): “No pretendo describir la violencia ni discutir los debates conceptuales de la misma. Simplemente utilizaré el argumento clásico que entiende la violencia como un mecanismo de resolución de conflictos. Se acude a la violencia porque es imposible para las partes resolver un diferendo o pleito por medios pacíficos o alternativos. La violencia es un instrumento de dominio e imposición. En algunas sociedades la violencia es el último recurso y en ciertas circunstancias el uso de la coacción física de una parte sobre otra se entiende como el funcionamiento social “normal”. A nivel macro, la violencia resulta de una suerte de “fracaso colectivo”. Hannah Arendt, en su brillante ensayo On Violence, sostenía persuasivamente que la violencia es la contracara del poder. Éste deriva de la libre acción y voluntad colectiva de los individuos para que un ente —el Estado— lo ejerza. En cambio, la violencia se ejerce cuando el poder mengua, cuando la legitimidad de ese poder que se funda en el consentimiento colectivo desaparece.”

Si pensamos en lo más simple, imaginemos lo que significa carecer en nuestro entorno mecanismos de resolución de conflictos o diferencias sin violencia, es decir, sin fuerza o sometimiento. Todo se resuelve por la fuerza. Pensando en un extremo, viviríamos en la barbarie.

Sin mecanismos de solución avalados e incluso asegurados por el Estado, estaríamos en la posibilidad de que, entre pares o entre partes iguales (individuos libres, con derechos y obligaciones, con el mismo “valor” social y ante el gobierno), alguna de esas partes tiene que recurrir permanentemente a la dominación para que se resuelva una diferencia; esa dominación, hoy en día, está aderezada por el uso y aprovechamiento de armas, por la organización de grupos para ejercer tal dominación y por la debilidad gubernamental para prevenir, combatir, detener y erradicar ese tipo de expresiones. Sin gobierno, el uso de la violencia crece.

Me niego a pensar que estamos condenados a vivir ese fracaso colectivo; el hecho de que el poder gubernamental esté menguado, o que en el lugar donde vivimos consideremos que tenemos malos gobernantes -así, en general, Usted inserte aquí el nombre que quiera- no significa que no podamos hacer nada.

Lo primero que debemos hacer es presionar a ese poder estatal -a través de los gobernantes- a que actúen. Tiempos violentos demandan presión social.

Cada vez que estoy en Zacatecas escucho historias difíciles. Gente que conocí ha sido víctima de la violencia. En algún punto tenemos que sumarnos al esfuerzo colectivo para darle fuerza al Estado. Y el primer esfuerzo parte de la presión que debemos ejercer sobre gobernantes y funcionarios para que demuestren que están a la altura de la circunstancia y del lado de la sociedad, y que nos hablen con la verdad.

 


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