Promesa
Enrique Laviada
Viernes 22 de octubre de 2010
En una visita apresurada al Congreso local, pude percatarme de que todo sigue más o menos en su mismo sitio, es decir, como fuera de lugar.
Ni los flamantes legisladores empiezan a tomarse en serio su papel ni sus relaciones con el Ejecutivo sirven para nada medianamente útil ni las bancadas se otorgan el beneficio de la duda o una mínima confianza ni, por ende, hay indicios de productividad alguna.
A menos que me equivoque, lo que tenemos en la actual Legislatura es una poco afortunada combinación de lo viejo con lo aparentemente nuevo, matizada de verde (en el sentido de la inexperiencia) y convenientemente en sintonía con los muy particulares intereses de quienes la integran.
Todo eso se nota.
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Y el problema es que un gobierno como el de Miguel Alonso, obligado a ofrecer resultados positivos inmediatos, requiere de un Poder Legislativo fuerte, propositivo, solvente, con el cual compartir buena parte de sus responsabilidades.
Ahora no se trata ya de esperar un simple contrapeso para frenar los excesos o las desviaciones perniciosas, producto de un autoritarismo galopante.
Ése no es el problema.
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Pero sucede que los grupos opositores lo entienden, al menos así me lo hicieron saber integrantes de los grupos parlamentarios del PT y del PAN, y no hay la interlocución necesaria con el gobierno para que esa nueva condición permita la unidad de criterios en temas de índole estratégica.
Me refiero con ese término a la política integral de seguridad pública y a la que debe diseñarse para el progreso económico y el combate a la pobreza y la marginación, sólo para citar los que me parecen esenciales.
Algo falta.
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Tal vez en la reunión de hoy, convocada por el propio gobernador Miguel Alonso, pueda despejarse la duda acerca de las razones por las cuales no ha sido posible instalar un sólido y eficiente mecanismo para la unidad de propósitos.
Eso que es una promesa.
En cambio, me asusta la idea de que se siga perdiendo el tiempo en “operaciones” propias de la simulación o la simple escenificación o los simulacros de entendimiento que suelen distraernos de lo que en verdad es importante.
Eso que es una promesa.
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Todo esto viene a cuento porque me entero de que aún no existe un vínculo directo o un enlace formal entre el gobierno y los diputados, lo que se traduce en un desagradable desorden, del que difícilmente saldrá algo bueno para Zacatecas.
Es increíble.
Esa “desconexión” entre el equipo de Alonso y el variopinto priísmo representado por el diputado José Olvera, el animoso pero minoritario petismo que encabeza el diputado Saúl Monreal, así como el desdibujado perredismo del diputado Juan Mendoza o el casi panismo que representa una diputada que no para de reírse, todo eso llama a desgarriate.
Algo falta, pues.
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Acertijo:
Tal vez la palabra sea orden.






