Alianzas
Francisco Javier Contreras Díaz
Lunes 28 de marzo de 2011
En los tiempos que corren, decir alianza es acceder a la antesala del contagio ideológico aderezada de la sonrisa que brota al instalarse en el abismo. Aliarse con el idéntico es alentar una coreografía de agitación de pañuelos, mientras los actores de primera línea se refugian en la poesía patriótica. Como la precipitación de alianzas nos deja escaso margen de propuesta, aniquila lo enfático por construir estructuras débiles para la transición.
Las alianzas sensibilizan y son atractivas por lo que implican: la calidad diversificada y unitaria que incrementará la experiencia, una fortaleza discursiva y músculo justificativo apoyándose en algunos títulos de la cinematografía. Ante preguntas que nos alejen de la otra orilla habrá que recurrir al catálogo para dejar caer la explicación tajante.
Si algún militante se inconforma con la alianza (contranatura) de su partido con su opuesto ideológico, bien se le puede aplicar la terapia emanada de Y tu mamá también, y de inmediato se le receta –sin anestesia– una conferencia magistral sobre los problemas actuales de la juventud. La incomprensión que les lleva a la pérdida de lo iracundo que se trasmuta en humillación y retorno a la austeridad. A las bases se les debe de concienciar proyectándoles 100 veces continuas Mariachi y cuando el triunfo sea inobjetable y contundente, festinar por todo lo alto proyectando en el ágora El Apando. Las masas sabrán asimilar intelectualmente la alianzas porque la modernidad planetaria exige sumisión y vacío de la crítica.
Si las alianzas crean pedagogía no establecerlas crea puericultura. Todo macondiano sensato deberá encontrar su afinidad aliancista, porque ignorar las tendencias sería la desaparición dolorosa de la oportunidad de corporeizar las angustias colectivas. Debemos de localizar al “Juanito” de Macondo (tarea con alto grado de dificultad por el esfuerzo intelectual para identificar al original entre miles de copias) para que nos ayude a culminar la profanación psicológica y alteración profunda e irreversible de las moléculas y aminoácidos ideológicos.
De existir un “Juanito” (de cierto es que contamos con miles en nuestro ardiente Macondo, lo que ha creado una minimultitud representativa reproducida en serie) debemos de sacar provecho a estos politólogos y bongoseros instantáneos, verdaderas bendiciones bíblicas, para erradicar el pragmatismo, el clientelismo modernizador y la política de harapos que regresa del pasado del que nunca se ha ido.
La novedad que cancela el estupor es la celestial alianza entre los Ateus y Librepensadores de Macondo con los Hermanos de la Orden del Celibato Dúctil y Flexible de la Irritación Nacional. Alianza pronatura que significa dar un sepelio de altura a la estéril discusión sobre el origen del universo electoral y donde se afianza la teoría del big bang o la “gran explosión” de pulcritud doctrinaria.
Se trata de rescatar del descrédito la teoría del universo ideológico estacionario, incrementar el asombro porque los incrédulos deberán de aceptar que lo que no existía existe. Una alianza religiosa que enmienda la descompostura del raciocinio, que materializa la reconciliación hipercachonda de carne y espíritu. Esta alianza representa la recuperación de la maleabilidad del alma bancaria contenida en los principios más allá de la muerte en las urnas. La culminación y la dignidad se la otorgarán encuestas organizadas por chicas enfundadas en sobrios hot pants y elocuentes camisetas mojadas.
“Yo nunca he tenido alianzas con el actual gobierno… que las establezcan los macondianos. ¿Yo por qué? Es más, yo ni les hablo…” La reproducción con exceso de pulcritud –como lo exige el instante– representa la derrota de la escasa ironía que brinda la oportunidad para incinerar el acta de nacimiento. Las alianzas actuales se establecen con senadores oriundos del DF (Distrito de Frankfurt, por sus siglas en macondiano bajo). Y como no existen alianzas, entonces el distanciamiento es de campeonato y como los macondianos gozamos del tedio escuchando a Patylu durante 23 horas continuas y a Caruso los restantes 15 minutos, pues no queda más que aceptar que la alianza de laboratorio ha finalizado y el régimen regresa a su estado de doncellez perpetua.
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