La pequeña Lúa
Nació a las 12:30 horas del viernes 16 de junio. Lúa Guajardo del Real llegó a este mundo amada a más no poder, rodeada de ese sentimiento puro y único que solo se vive en la familia.
Ese viernes por la mañana, yo esperaba desayunar con mi hermana y mi madre para luego atender unos compromisos académicos que había cuadrado con cierta anticipación. Pero Lúa nos cambió la jugada.
Mi hermana, la Atita, Mariana, y ahora madre de Lúa, siempre tuvo una especie de cercanía conmigo, diferente del común de los hermanos. Nuestro entendimiento entrañable es algo extraordinario.
Somos hermanos que hemos coincidido en distintas etapas de la vida en que las circunstancias nos han hecho forjarnos apartados del seno familiar, pero siempre sabiendo la sangre llama, une. Tenemos un vínculo muy peculiar. Nunca dejará de ser mi hermana chiquita, la Pily, la bonita, a la que abrazo sentados en la puerta de nuestra casa siendo niños, en una foto en blanco y negro que atesoro mucho y que refleja ese vínculo fraterno que tenemos…
Mi hermana y César, mi cuñado, coincidieron en la vida hace algunos años. Derivado de su entendimiento como pareja, amigos, profesionistas, emprendedores, trabajadores y quizás algunas locuras extra, tomaron la decisión de aventurarse a transitar por esta tierra juntos, tomados de la mano, enfrentando la realidad y tratando de vencer adversidades a base de amor y cariño, y con ello, formar una familia en la que originalmente solo estaban contemplados ellos dos… pero el destino tenía otro plan.
El punto es que César vino a complementar la vida de mi hermana, y creo que ella la de él: dos entes que se encuentran, que coinciden, se entienden, se aman y viven… Son buena mancuerna.
Aún recuerdo con claridad el momento en que Atita nos dijo a mi papá y a mí que estaba embarazada. Era uno de esos días de comida familiar en Menta & Rosmarino, para ser exactos el 19 de noviembre. Al darnos la noticia a su manera, lloré de felicidad. Estaba muy, muy contento por mi hermanita, la chiquita de los Del Real López, la bióloga, la tenaz, la fuerte, la todoterreno, la que ha llevado sobre sus hombros tanta carga le ha puesto la vida y siempre ha salido adelante. La valiente, la firme, la que por dentro puede estar sollozando, pero saca la casta y vence adversidades…
También recuerdo cómo nos reunimos en casa de mi hermano Óscar, y mi hermana y César le dieron la noticia. Tengo presente su cara de sorpresa y su sonrisa alegre, el llanto de mamá, y antes, el llanto de papá en el restaurante. Todos alegres, contentos, ilusionados. ¡La chiquita de la familia iba a ser mamá! ¡El binomio Mariana-César tenía que hacer espacio para una bendición!
Y empezó el proceso de la maternidad: los cambios físicos, la adaptación, las consultas, el trabajo, la planeación de las cosas… y yo lo que percibía era que conforme pasaba el tiempo, la ilusión de la llegada de una personita nos alegraba los corazones a todos.
Mi madre, Carmelita, la incansable, la entregada incondicionalmente a sus hijos, aprovechaba cada vuelta a San Luis Potosí o a Coahuila para conseguir algo: que si se necesita esto, que si necesita lo otro; que para el baby shower, que para sus primeros meses ¡y cuánta cosa! Pero ella, estoica, también aguantaba a la par de mi hermana y bajo sus circunstancias el vendaval del previo a la llegada de la hermosa Lúa…
Vi cómo mi madre se entregó, apoyando con todo a su hija; vi a mi padre enternecerse ante la evolución de la vida familiar; vi a mi hermano orientar profesionalmente antes que opinar afectivamente. Vi a César construir la ilusión y la meta de ser un buen padre, y vi a mi hermana angustiarse por pensar en cómo ser buena madre… al final, todo ello solo reflejaba el amor. Ese amor puro que solo se vive en la familia…
La pequeña Lúa trajo consigo una renovada ilusión por honrar la vida en los Del Real López. Su fragilidad me recuerda que tenemos que hacer algo porque este mundo tenga cosas buenas que ofrecer para angelitos como Lúa y quizás otros más que en circunstancias diferentes a las de mi hermosa sobrina y en el infortunio de familias que no la pasan bien, llegan a vivir una vida en ocasiones injusta. Pero insisto, algo tenemos que hacer por ofrecerle a los más pequeños un porvenir positivo…
Tenerte en mis brazos ha sido una de las mejores sensaciones en la vida, pequeña Lúa. Me hiciste darme cuenta de que tu sutil cuerpecito se impone con alegría a mi miedo a no cargarte bien y que no he conocido mayor inocencia que la de tu carita dormida, descansando. Ver en los ojos de tus padres y abuelos la expresión de amor por ti, me hace sentirme dichoso de ser tu tío, el Tío Poncho, tu padrino (eso se me ha prometido, ¿eh?), el que te va a regalar tu playerita de los Pumas.
Soy dichoso de que mis hermanos sean padres, Lúa. Y es importante que sepas que has sido muy deseada y llegas a una familia que, desde tu mami Pily y tu papi César, somos personas de bien y velaremos por ti.
Jugarás con Max, Fer y Victoria. Te consentirán Oscar, Carmelita, Yoli y Lorenzo. Pily y César te amarán por el resto de sus días y más. Y todos, absolutamente todos, te apapacharemos mucho, siempre. Porque eres amada a más no poder y estarás rodeada de ese sentimiento puro y único que solo se vive en la familia, Lúa.
Dios te bendiga hoy y siempre, Shemillita.
