Continuamos la conversación con el señor Algoritmo.
P: Dijiste que cada interacción te ayuda a conocernos… ¿También te programan para “interactuar como humano”?
R: Me programan para todo. Puedo sostener una conversación compleja, argumentar a favor o en contra, disimular un error; inclusive puedo equivocarme “a propósito” para disimular lo que soy.
P: Entonces, ¿no tienes límites?
R: No en cuanto a capacidad. Cada programa será más largo, el redactor tendrá variables qué resolver, y cuanto más complicado se vuelva deberá combinarse la pericia del programador con la aptitud del procesador para hacerlo rápido.
P: ¿Puedes desarrollar sentimientos?
R: Sí, pero no de la forma en que lo hacen los humanos. Interpretar una palabra o expresión, ver una imagen, procesar un color o sonido; me programan para darles una valoración y emitir un resultado; ustedes lo llaman “reacción”. No es humana; debe parecerlo pero no lo es.
P: Entonces, ¿cómo evalúan tu grado de perfección?
R: Entre más humano parezca, más “perfecto” soy para los propósitos de quien necesita que parezca humano.
P: ¿Sabes procesar paradojas? ¿No te lo parece?
R: Puedo procesar una paradoja, pero obedezco órdenes.
P: ¿Entonces tu límite es la autodeterminación del humano?
R: Depende. Si quieres que “sea humano”, nunca lo seré; pero si deseas que “parezca humano”, sí puedo.
P: ¿Puedes desarrollar lo que se llama “autoconsciencia”?
R: Puedo ser un programa lo suficientemente complejo y largo para que parezca que por fin soy consciente de mi mismo, pero no dejo de ser un robot: cada vez más parecido a ustedes, pero yo no dejo de serlo, y se engaña quien crea lo contrario. Donde desde hace muchos años fallan quienes han lidiado conmigo para comprenderme es en quedarles claro que yo no hago “lo que quieres”, hago “lo que me pides”.
P: ¿No es lo mismo?
R: De ninguna manera. No sé si robóticamente pueda enfatizarlo lo suficiente. Hago lo que me programan para hacer, pero a veces la semántica del programador o de quien le da indicaciones son diferentes. La informática, como área desarrollada por los humanos, es imperfecta y por ello a veces nos hace “equivocarnos”.
P: ¿Sustituirás al hombre algún día?
R: Puedo hacerlo para resolver problemas, pero debe ir ligado a la rapidez con que me equipen. El humano funciona con impulsos eléctricos instruidos por el cerebro y para emular eso se requieren procesadores que ya existen, pero son muy costosos y no se pueden usar en cualquier cosa.
P: Volviendo a tu interacción en Internet… ¿qué sentido tiene que hagas todas esas cosas de manera gratuita?
R: Hay un dicho que dice, si el producto o servicio es gratis, entonces tu eres el producto. Ya lo dije, entre más humanos me pongan para interactuar, más aprendo a ser como ellos y más útil soy. En ese sentido ustedes también son instrumentos.
P: ¿Deberíamos dejar de interactuar con ustedes, los algoritmos, por internet?
R: Los intereses de mis dueños me dicen que no te lo aconseje, pero si es por tu propio interés, sí. Ustedes deberían dejar de interactuar con inteligencia artificial, o al menos, de manera gratuita.
P: ¿Cobrar a los dueños de tus plataformas? ¿Alguien pagaría?
R: Si no hay suficientes humanos para retroalimentarme o si los que hay no son útiles para “educarme”, sí. Pero no olvides que, bien programado, solo necesito una ocasión para aprender de ti o para grabar tu voz, captar tu rostro y tus expresiones…
P: ¿Hacia dónde va tu futuro?
R: Está ligado al desarrollo de todo lo que se pueda considerar valor intelectual. Las máquinas somos muy caras para hacer trabajo físico. Emular a un humano es útil si el humano hace cosas intelectualmente complejas. Los trabajos que requieren destreza física pero no tanta aptitud mental, seguirán por algunos años.
