Docentes de nivel básico, en el norte o sur del estado, acuden a comunidades y cabeceras municipales con temor de ser abordados por integrantes del crimen organizado. Hay puntos en los que las clases se imparten en línea por la constante presencia de hombres armados y el riesgo de enfrentamientos.
Maestros de Concepción del Oro, Mazapil, Sombrerete, Río Grande, Miguel Auza, Tabasco, Villanueva, Tepetongo, Florencia de Benito Juárez, Tlaltenango de Sánchez Román y Tepechitlán coincidieron en que falta seguridad en comunidades de estos municipios y el miedo constante a denunciar y ser descubiertos.
Los profesores, quienes pidieron no revelar sus nombres ni los puntos donde imparten clases por temor a represalias, revelaron que en el semidesierto zacatecano, “las mujeres llaman a estas personas [del crimen organizado] los muchachos, porque las defienden”, narró un maestro de Concepción del Oro.
“Cuando alguna mujer de las comunidades es golpeada por el marido, ellas van y les dicen, entonces ellos van por el marido, le dan unos tablazos y ya regresan sin decirle nada a la mujer”.
Docentes lamentaron que esta es una solución para las mujeres en las comunidades del semidesierto, ante la pasividad de las autoridades formales, porque “tardan en actuar y no se detiene este tipo de violencia”.
En Mazapil, al menos las últimas dos semanas las clases se suspendieron ante la presencia de dos grupos del crimen organizado, quienes incluso se han enfrentado en repetidas ocasiones.
De acuerdo con una maestra de la zona, las autoridades no llegan hasta estas comunidades por su lejanía con las cabeceras municipales, lo que obliga a los tres niveles de educación básica a trabajar a distancia. La docente aseguró que “en toda la región la situación es tensa, compleja, por los enfrentamientos”.
Zona frijolera
Los testimonios de Sombrerete, Río Grande y Miguel Auza no distan de lo que pasa en el semidesierto zacatecano. Los maestros de esta región aseguran que los grupos delincuenciales tienen controlado el comercio de cigarros, cervezas y permisos para fiestas.
Para todos esto es un secreto a voces: “quizá no en todas, pero las tiendas de conveniencia no venden cigarros, en la cabecera municipal hay un lugar donde tienen una tienda [los presuntos delincuentes] y ahí venden todo, hasta seguridad”.
Entre broma y miedo, los maestros aseguran: “brindan buen servicio, porque cuando hay una fiesta evitan pleitos y que otros grupos se metan a hacer problema”. Consideran que este tipo de acciones se da porque no hay alguien capaz de enfrentar la situación que viven en esta región del estado.
La misma historia
En el sur, en la región de ambos cañones el problema no es muy distinto: docentes que deben recorrer diario terracerías y carreteras estatales viajan en alerta constante, pues temen ser víctimas de los ponchallantas o ser detenidos en retenes falsos.
Un maestro de la región aseguró que en varias ocasiones lo detuvieron en el tramo Villanueva-Tabasco. “Nunca nos han agredido, pero siempre nos piden que mostremos los documentos de que estamos en comisiones y que trabajamos en la Secretaría de Educación de Zacatecas (SEZ)”.
En el mismo tramo carretero es común tener que viajar con suma precaución, porque los ponchallantas son una constante y no hay alguien que los retire de la cinta asfáltica.
Para el otro cañón, desde Tlaltenango hasta Trinidad García de la Cadena, “hay muchos pueblos sin ley, donde los jóvenes no tienen miedo a morir y ven la violencia como algo normal, porque son la generación que nació entre 2006 y 2010, han crecido con ella”, expuso uno de los maestros.
Explicó que en comunidades de Florencia de Benito Juárez, los estudiantes que asisten son hijos de integrantes de algún grupo delincuencial. “Nos amenazan y limitan nuestras funciones, nada podemos hacer, son ellos quienes tienen el control”.
En las comunidades que unen a Tlaltenango de Sánchez Román y Tepechitlán esta historia se repite de manera constante, “y es preocupante que la autoridad no lo vea”, coincidieron maestros de la zona.
Temor a denunciar
Aunque los maestros son conscientes de la situación, el miedo y la desconfianza los orillan a no denunciar los hechos ante las autoridades competentes.
Pese a la posibilidad de denunciar de manera anónima, el miedo de que ellos o sus familias puedan ser agredidos es mayor a buscar una solución al conflicto que, a decir de esta parte del sector magisterial, es común a lo largo del territorio zacatecano.

