ZACATECAS. Las gorditas doradas Bety son toda una tradición y durante tres generaciones se han caracterizado por su exquisito sazón y el buen trato al cliente.
Beatriz Ávila Ortíz, propietaria y fundadora, detalló que el establecimiento nació por azares del destino, ya que con anterioridad se dedicaba a la elaboración y venta de tamales en su casa.
No fue sino hasta finales de la década de los 70 que la familia Martínez le prestó un espacio en el kiosko de la Alameda García de la Cadena para comenzar a vender diferentes antojitos.
Recordó que estaban instalados a un lado de un puesto de frutas, por lo que muchas personas que acudían a surtirse a ese sitio aprovechaban y pasaban a su puesto a disfrutar de los platillos.
Ávila Ortíz destacó que ofrecían todo tipo de antojitos mexicanos, pero tiempo después de integrar las gorditas doradas al menú se convirtieron en un éxito.
Refirió que a los seis años se mudaron al parque La Peñuela, donde permanecieron poco tiempo, pero lo suficiente para colocarse en el gusto de más comensales.
Posteriormente se instalaron en el Mesón de Jobito, de 1986 a principios de la década de los 90, y sucesivamente cambiaron de instalaciones, hasta establecerse en el Crucero del Progreso 114, a un costado de la Plaza Bicentenario, donde permanecen desde hace 10 años.
GUISOS QUE CAUTIVAN AL PALADAR
El servicio de las Gorditas Bety es diariamente desde las 9 horas, y aunque no cuentan con servicio a domicilio, puedes pedir a través de las plataformas de comida.
El menú ofrece quesadillas, burritos y gorditas doradas, rellenables con alguno de los más de 12 guisos, como lo son chicharrón, deshebrada, yesca, bisteck con papas, frijoles con queso, entre otros.
La gran variedad de guisados, así como su exquisito sazón han permitido mantener este negocio familiar por generaciones, pues desde doña Bety hasta sus nietos apoyan con las tareas del establecimiento.






