Los sacamos a la calle
Los movimientos sociales reprimidos. A finales de los 50 irrumpe uno de los movimientos sociales más importantes, el de los ferrocarrileros. Los sindicalistas salieron a las calles por algo que siempre será justificado, mejoras salariales, pero además por la democracia sindical en contra del llamado charrismo sindical, controlador de los trabajadores.
En el otoño de 1964, 75 estudiantes de medicina y cien residentes del Hospital 20 de noviembre del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), en la Ciudad de México, no recibieron los tres meses de aguinaldo que se les debía dar por contrato, sumándose esto a una situación de inseguridad económica y laboral que culminó en el primer movimiento en México de batas blancas —médicos, enfermeros y demás miembros del sector salud —.
Este movimiento fue un ejemplo en la vía para la democratización de los colectivos laborales (CNDH).
El asesino priísta Díaz Ordaz los reprimió, así iniciaría la etapa más represiva en el México moderno.
Los priístas de los años 60 empezaban a mostrar su verdadera cara, causa de haber manipulado por décadas a la sociedad mexicana, con los medios de comunicación escrita, radiofónica y televisiva.
En 1968 el priísta Díaz Ordaz llegó a lo increíble, acallar un movimiento social que se iba armando en contra del autoritarismo del PRI.
Estudiantes del politécnico, la UNAM y de universidades estatales, al ser atacados por el famoso cuerpo de granaderos con la detención de estudiantes de las Vocacionales 2 y 5 del politécnico por una riña insignificante, abrió la cloaca de lo que significaba la vida en México, un país desigual socialmente, reprimido en sus manifestaciones por una vida digna para los trabajadores.
En 1968, el autoritarismo y represión ejercidos por el gobierno desencadenaron una serie de marchas organizadas por estudiantes de universidades como la UNAM y el Politécnico, en las que se exigía, entre otras cosas, el respeto al reclamo y movilización social, la disolución del cuerpo de granaderos y el acatamiento a los derechos.
Aunque estaba integrado en su mayoría por jóvenes, a la causa se sumaron también otros sectores de la población que antes ya se habían organizado para sus propias demandas, por lo que el movimiento adquirió gran fuerza y relevancia social.
La respuesta a sus demandas fue la masacre de Tlatelolco, con cientos de estudiantes asesinados por las balas del Ejército.
No pararon las masacres, la de Aguas Blancas con Ernesto Zedillo, por un problema con la Organización Campesina de la Sierra del Sur (OCSS) para exigir cumplimiento de promesas de ayuda para los cultivadores de café, policías y judiciales masacraron a 17 campesinos y hubo 14 heridos.
Llegó el verdadero presidente narco, el panista Felipe Calderón, que ahora con esa desfachatez que le caracteriza, desconoce lo que hacía su secretario, el narco policía García Luna, preso por estar asociado a la delincuencia organizada, la mortandad por enfrentamientos con los delincuentes llegó a miles y continuó con el priísta Peña Nieto, detener estos actos de violencia del crimen organizado no es fácil en seis años, pero hay una disminución significativa de más de 25 por ciento en el actual sexenio.
No olvidamos el pasado y queremos que siga la actual política, sin represión.
Los sacamos a la calle. Los miles de ciudadanos que conforman la “marea rosa” volvieron a ser movilizados a nivel nacional para fortalecer a la derecha, que no había salido a las calles, siendo insensibles a las masacres de la población que ha luchado por mejores condiciones sociales. Un gran logro también, de López Obrador, que fortalece la democracia.
No eran tan sociedad civil. Se les cayó la máscara de que “el INE no se toca”, los “juececitos no se tocan”, porque somos sociedad civil que vemos ataque a la democracia, a la “libertad de expresión”, demostraron que son los defensores de la derecha del PRI y PAN, esos partidos que como lo hemos demostrado fueron destructores de la estructura social.
Aquí hemos escrito que la derecha prianista usa la bandera de la sociedad civil cuando usted lector es parte de esa sociedad civil, incluyendo a los simpatizantes de Morena, hasta en eso engañan.
Nosotros no tenemos careta para ocultarnos, vemos a Claudia Sheinbaum para continuar la política de Estado que requiere el país, la otra sociedad civil le da a Morena entre 20 a 30 puntos de ventaja en las elecciones presidenciales.
Salir a votar es una obligación, hagámosla con conciencia.
