¿Quién no vio o vivió la mezquindad del vecino? Yendo más lejos, ¿Quién no es ahora el vecino mezquino? En lo personal vi y escuché a no pocos que desdeñaron durante toda la campaña a quienes no pensaban como ellos. No era el sarcasmo o ironía propio de las redes sociales (WhatsApp incluido); llegaron a niveles denigrantes.
Y no hablo de memes, sino de mensajes y respuestas ultrajantes. Bien por quienes procuraron no engancharse, aunque no fue fácil.
Sinceramente no creo que muchos hubieran sido generosos de haber ganado sus partidos y candidatos. Y veo personas que votaron por la 4T y se han dedicado a afrentar a los otros restregándoles el triunfo. No son todos ni muchos, pero sí son estridentes.
Los partidarios de la 4T se autodefinen como diferentes, humanitarios, generosos. Corran a ese espejo.
También vemos que muchas personas opuestas a la 4T no están procesando con serenidad el resultado y batallan para lidiar con la frustración de haber perdido. Se abren espacio en grupos de WhatsApp a través de cadenas de reenvíos alucinantes.
A quienes se cierran en la convicción de que nos convertiremos en Cuba o Venezuela, revisen sus términos, cuestionen sus certezas. En una discusión abierta entre vecinos uno acusó al otro de “estar de acuerdo con la dictadura”, la cual solo existe en sus cabecitas y en las toneladas de basura que circula por WhatsApp y muchos deglutieron sin cuestionar.
Toca a la ciudadanía pedir cuentas a sus líderes y a quienes les explicaron la realidad en los medios de una forma tan miserablemente equivocada. Por su bien se los digo, les urge; porque volverán a lidiar con la frustración de perder. Y aunque parezca burla lo digo por humanidad. Por maldad diría, “¡Síganle por allí!”
Los fenómenos implican matices. Hace 18 años, tras el resentimiento anidado en la población que gritó “fraude”, se gestó el embrión del movimiento social que hoy es Morena. Enfrente estaban los partidarios del panismo foxista y calderonista; en los albores de lo que hoy son las redes sociales nacían términos como “chairo” con alta connotación denigrante.
Dicho término llegó a un nivel de normalización tal que hoy no es ni siquiera mal visto. Evitemos esos etiquetados.
Aunque debemos matizar nuestro concepto de polarización, con un régimen respaldado en 60 por ciento de la votación, es necesario transitar a una consolidación democrática basados en la generosidad cívica; el ciudadano capaz de comprender a quien no piensa como él; reconectar con el otro.
De niño y adolescente fui usuario del transporte urbano. Tenía varios años sin subirme a un camión. Por circunstancias aleatorias lo hice ayer y el día anterior. Comprendí varias cosas. Me ayudó una plática entre dos señoras que venían discutiendo el resultado de la elección (cuyo contenido me sirvió como una especie de “grupo de enfoque”), y me permitió escuchar, en vivo y en directo, la interiorización de ese 58 por ciento que votó por Claudia Sheinbaum en uno de los estados más reacios a la 4T en el país.
Un viaje en camión del centro de la ciudad al extremo sur por 25 minutos me permitió tener la vivencia de reconexión con un pueblo que habló fuerte y claro el domingo.
Entendí al estudiante que iba con sus audífonos bluetooth y por dormitar se bajó dos cuadras después de su parada y la señora que lidiaba con la desobediencia de dos niños pequeños y batallaba para encontrar asiento.
Sería presuntuoso decir que un viaje en camión me permitió comprender totalmente al pueblo; sin embargo, me dejó una experiencia valiosa, pero el viaje introspectivo no está completo. Será intrigante conocer las verbalizaciones de los otros estratos, en los cuales ganó Claudia Sheinbaum (de hecho, todos).
Pero conocer al prójimo para comprenderlo y acercarnos a él es un paso crucial para dar lugar a la generosidad cívica. Urge para comenzar a reencontrarnos.
