ZACATECAS. Desde Villa de Cos hasta Concepción del Oro, decenas de llantas amontonadas a la orilla de la carretera federal 54 son un recordatorio de las pésimas condiciones de este camino que conecta con otras entidades del norte del país.
Aun cuando en el periodo vacacional de Semana Santa las autoridades federales repararon baches en este tramo, la lluvia y el tráfico pesado arrastraron el chapopote y los hoyos nuevamente abiertos dañan la suspensión y las llantas de los vehículos.
“A cada rato me poncho”
Iván Galicia Morelos, conductor de tráiler, es uno de los afectados por los incontables baches. “Está culera la carretera. A cada rato me poncho y son gastos innecesarios, además, mucha pérdida de tiempo para transportar la carga”.
Explicó que de manera regular traslada hasta 30 mil metros cúbicos de material, “esto equivale a 30 toneladas, más el camión, son como 47 toneladas y media. Al manejar con los baches, vamos a merced de dios para no tener accidentes”.
Al ser proveedor de la mina Peñasquito, recorre al menos cuatro veces a la semana la federal 54 y, durante el último cuatrimestre, mínimo se ponchó un neumático del camión por mes.
“Una vez, en un solo viaje se me volaron tres llantas, de aquí de Sierra Vieja a Concha [del Oro] es el tramo más feo y tenemos que pasar a fuerza. ¿Pos’ por dónde me voy a Laredo o a Torreón?, no hay de otra”.
El transportista detalló que en esta ocasión, luego de pasar por un bache, inevitablemente recorrió entre uno y dos kilómetros con la llanta dañada para llegar a la vulcanizadora más cercana y poner la refacción.
“No se puede evitar el hoyote, está casi del tamaño de los dos carriles, nada más sentí como se salió el aire y reduje la velocidad para no volcarme”.
Esta circunstancia lo obliga a gastar de su bolsillo desde 450 hasta 1 mil 500 pesos por cambiar cada llanta ponchada, dinero que debe justificar ante la empresa para lograr un reembolso.
Desgaste de frenos
Otro de los problemas que sufren sobre todo los transportistas son daños en los frenos, al no poder conducir a una velocidad constante, un problema regular en la carretera “por tanto bache que hay”.
Raúl Ortega, trailero con más de 20 años de experiencia, describió que en el trayecto tienen que pisar el freno muy seguido para esquivar los hoyos, lo que provoca que las balatas se calienten y cristalicen, con el riesgo de que se incendien o revienten los neumáticos y terminar en un accidente.
El transportista consideró que de nada sirvió que se hayan realizado trabajos de rehabilitación en la vía, porque solo fueron parches en algunas zonas y, con las recientes lluvias, se formaron de nuevo los baches, incluso más grandes.
“Eso no sirvió porque vamos en lo plano manejando y de repente pasamos por un parche y ¡pum! Eso puede descontrolar al camión porque está a desnivel, ni siquiera lo dejaron parejo”, criticó.
“Dicen los del gobierno que todo está bien, pero no ven la carretera. Ya quieren hacer segundo piso y no arreglan las carreteras, primero que arreglen acá, porque vamos zigzagueando y, aunque se vean rudos, los camiones son muy delicados, cualquier cosa los daña”.
Raúl Ortega agregó que la 54 es la carretera más propicia para que un quinta rueda o cualquier vehículo particular pueda sufrir un accidente, pero en un tráiler es más peligroso porque con el tonelaje que transportan es muy difícil frenar.
Víctor Hugo, un repartidor de la región que recorre diariamente la ruta desde Villa de Cos hasta San Tiburcio ya sufrió varios daños en la suspensión de su unidad: “solo se me quebraron las muelles porque nos regulan la velocidad a 90, pero aún así por tanto bache se me rompieron”.
Relató que en la comunidad San Andrés el asfalto está muy mal y en la localidad Majoma, quienes ya conocen ese tramo pasan por el acotamiento a un costado del puente para evitar un hoyo del tamaño del camino, porque en esta parte es donde ocurren más ponchaduras.
‘Florecen’ las vulcas
En un trayecto de no menos de 20 kilómetros, ya hay más vulcanizadoras a la orilla de la carretera federal 54; por lo menos desde la comunidad Nuevo Mercurio hasta San Antonio, Mazapil, se tienen al menos ocho establecimientos para reparar llantas.
Juan Francisco, encargado de uno de estos negocios en Sierra Vieja, expuso que cada día atiende mínimo tres tractocamiones en temporada baja, pero en temporada vacacional, la cifra aumenta hasta diario ocho vehículos con los neumáticos dañados.
“Ahora que van a empezar las vacaciones ya compré más material para prevenir, porque pasa mucha gente a Saltillo o de allá para acá, y a veces no nos damos abasto”.
Debido a las condiciones de la carretera, los habitantes de la región comenzaron a establecer vulcanizadoras como negocio, porque en cierto punto se volvió rentable y es un modo de ganarse un ingreso extra.






