La libertad de ser
(Primera parte)
Terminó junio. Y nuestro contexto es, el tiempo de los derechos. Ese mes, el mes del orgullo, es oportuno entender y reiterar que todos los derechos deben serles reconocidos, respetados y garantizados, en toda circunstancia, a todas las personas.
Sin embargo, no podemos decir que se ha ganado ya la larga batalla histórica por estos derechos, por el contrario, nos encontramos en un contexto histórico en el que debemos mantenernos alertas, en búsqueda de consensos democráticos para consolidar conquistas y evitar retrocesos.
No debemos olvidar que nuestra democracia hoy no se entiende solo como un ejercicio de mayorías a través del voto, sino del mutuo reconocimiento que hay entre mayorías y minorías para una convivencia en armonía y paz, teniendo como principio fundamental la dignidad del todo a partir de la dignidad de cada una de sus partes.
Aunque ya debería ser una obviedad, es importante decirlo: la libertad es inherente a las personas. Hay que entender, sin embargo, que a la hora de que esta libertad se encarna en decisiones personalísimas, no resulta ser tan obvio, o cuando menos, no para todos.
Es importante que hablemos de cómo decisiones concretas han enfrentado desafíos en nuestro marco jurídico e institucional, pero también comunitario y social. Perderíamos demasiado tiempo en explorar las razones y causas de ello, lo importante es destacar que las personas, en búsqueda de las condiciones para lograr su felicidad y realización, no han cedido ante dichos desafíos.
Como ejemplos, podemos resaltar dos derechos ganados al pulso de la dignidad de las personas que han logrado su reconocimiento. Nos referimos al derecho a la identidad y del derecho al libre desarrollo de la personalidad, en cuya conquista nos encontramos una constante: la defensa, vía acción, de las personas que se sienten vulneradas y no aceptan las restricciones a su libertad que, el statu quo les impone u ofrece.
Pero el statu quo no impera solo en el texto de la Ley, de hecho, podríamos decir, que se sostiene en la legislación por la resistencia de ciertos sectores de la sociedad. Han sido pocos los casos en que, en nuestro país, los Congresos han dado el paso al frente por sí solos.
Por tanto, es el Poder Judicial, a través de sentencias, el que dio cuerpo, sentido y sustancia al derecho a la identidad y al libre desarrollo de la personalidad, desde una perspectiva que no debemos nunca olvidar para entender la dimensión y objetivo de los derechos fundamentales: la dignidad humana.
Así pues, a partir de la sentencia que la Corte emitió en el Amparo Directo 6/2008, se sostuvo por primera vez la base del contenido del derecho al libre desarrollo de la personalidad, sosteniendo que: “el individuo, sea quien sea, tiene derecho a elegir en forma libre y autónoma, su proyecto de vida, la manera en que logrará las metas y objetivos que, para él, son relevantes”. Respecto a la dignidad estableció “la superioridad de la dignidad humana, prohibiéndose cualquier conducta que la violente”.
Estamos hablando, pues, al referirnos a estos derechos, íntimamente ligados, a la libertad de ser. Solo en el reconocimiento pleno, irrestricto y amplio de esta libertad para ser, podremos garantizar que todos los derechos sean una realidad para todas las personas.
TODOS LOS DERECHOS PARA TODAS LAS PERSONAS.
*Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas (CDHEZ)
