Estrategias de supervivencia
Para sorpresa de muchos que podrían posicionarse a favor de la vida resulta que nunca es suficiente solo con vivir. Permanecer en este tiempo caducable al que también llaman vital, implica encontrar, casi azarosa y constantemente, motivos para continuar gerundiando verbos por el resto de la vida.
Una vez naciendo habría que continuar lo que llega a parecer que el siempre sí existe y que el nunca es la página de un libro que no llegose a escribir. De qué rayos habla este sujeto, podrán preguntarse los ojos que acarician estas letras, y bueno, aquí se dibuja un boceto sobre la incertidumbre que puede causar preguntarse qué resulta necesario para ser super-viviente.
De dónde se sacan las ganas de latir tan fuerte como llegue a necesitar sorprenderse, relajarse y enamorarse de supervivir. Cuándo sonreír se hace costumbre y dormir tranquilamente posible sin medicamentos, té de tila o pedirle perdón todas las noches a un dios.
Vivir es una maldita costumbre que no necesitan deidades, ángeles o todos esos deprimidos que respiran solo porque no requieren darse cuenta de hacerlo. Sobrevivir, en cambio, es por encima de todo colocar como primordial parámetro continuar viviendo, ejercicio que, además de ser presente continuo también es futuro imperfecto por aquello de las cifras estadísticas oficiales en las que los sobrevivientes se enteran de que siempre algo andará mal.
Se puede vivir jugandito, simulando que todo estará bien o que de plano no importa, levantarse día con día intentando mejorar un mundo cuyas reglas invitan más bien a preocuparse por lo propio y no perder el tiempo resolviéndole la vida a los demás. Si no estoy bien Yo, nada más lo puede estar, enseñan en las terapias.
Se puede vivir sintiéndose dueños de una razón otorgada por consenso, por decreto o por mejor calificación. Se puede buscar certidumbre en mentiras ajenas que ya le sirvieron a otro alguien de una vida vivida como si supiera. Lo que yo creo es lo que es y no hay otra manera de hacerlo rezan los que ejercen y comparten el monopolio del autoconvencimiento.
La certidumbre es un lujo que no tienen los poetas. Tampoco los otros, pero esos andan por ahí pensando que es mejor decirse soy Fulanete de tal, me dedico a tal cosa, aprendí lo que pude y desaprendí lo que no, voy a quejarme del mundo y prescribir lo que no debería de existir en 700 palabras para que alguien lo lea despacito mientras no se percate que no soy poeta.
Sobrevivir implica capturar la certidumbre, o en todo caso, prescindir de su falacia. Si no me dicen doctor como que siento que me muero, si no sé a dónde voy, voy a dondequiera que no pienso que iría.
La certeza es un mapa recorrido 8 mil millones de veces y que se enseña en libritos con títulos de ciencia ficción. El planeta es así, medio ovalado, medio azul, medio móvil, medio vivo, medio ficticio. Tiene tantas cosas mal, que a veces es mejor no hablar de ello, pero eso seguramente también esté mal.
Los dueños de la razón no son dueños de nada, pero todavía no quisieron enterarse porque es mejor ser dueño de la nada que adueñado por quién sabe quién.
El mundo no está hecho para los vulgares ambiciosos que se atreven a no atreverse a nada. Tener dos trabajos o tres porque no da para más; estudiar y trabajar como si fuera posible; no respetar los límites de la velocidad de la luz o no hacer caso a los instructivos de vida que dejaron los abuelos en el ropero, son estrategias de supervivencia.
Los que enseñan magia enseñan incertidumbre, enseñan a ser tan mágicos como ellos, pero primero a parecer, como también aprendieron. En un mundo en el que hasta la libertad se ha mitificado, no ser mágico es mal visto.
Si usted no cumple los requisitos no puede ser como yo porque hasta yo tuve conflictos para cumplirlos, por fortuna alguien me calificó para no ser un cualquiera. El mundo está lleno de imbéciles calificados para aplaudirse entre ellos y convencerse de que sí existen.
En cambio usted nació, creció, sobrevivió y ahora puede darse por enterado de que no nomás era vivir, era permanecer en incertidumbre, intentar no ser tan mágico para no obedecer a los que aprendieron cómo se debe de obedecer bien. Vivir requiere estrategias con un único e irrevocable principio, el de la incertidumbre.
