Justicia, Justicia
A ustedes la sociedad no los eligió. Un mes sin Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), sucedió en enero de 1995, sin titubear, el ex presidente Ernesto Zedillo mandó a su casa a seis ministros que hacían como que laboraban en la institución, los jubiló ipso facto.
Apoyado por legisladores del PRI y PAN, que lo hicieron como mayoría en las cámaras, sin chistar. Zedillo no quería ministros de Miguel de la Madrid y menos de Carlos Salinas.
Los grandes expertos y analistas de los medios de comunicación, no lo cuestionaron, al contrario, lo veían como un gran estadista, así que 11 ministros de su propuesta fueron aprobados por las cámaras, con la salida para no votar de tres legisladores: Guillermo del Río, Heberto Castillo y Félix Salgado Macedonio.
Entonces, usted comprenderá que se opongan por creer que están protegidos por los actuales legisladores prianistas, para no perder sus 600 mil pesos mensuales, pagos a medicina privada, jubilaciones de más de 1 millón de pesos anuales, usted estimado trabajador ni una décima parte recibiría, además, gastos de medio millón anual para alimentos, camionetas de lujo con guardaespaldas pagados por nuestros impuestos, entre otros.
Con la llegada de la 4T, se desenmascararon los grandes vicios y situaciones de corrupción que existe en el Poder Judicial en todo el país, mayormente con los magistrados de la SCJN, cuando se enfrentaron a propuestas de dos poderes elegidos por la sociedad: el Poder Ejecutivo Federal (PEF) y los poderes legislativos.
Avalaron las demandas de inconstitucionalidad promovidas por minorías, entre ellos legisladores del PRI y PAN con empresarios resentidos por tener que pagar impuestos y metidos en proyectos energéticos y venta de medicamentos.
Casos de increíble prepotencia, fuera de toda lógica, enfrentaron a los dos poderes legalmente constituidos por voto de la mayoría de los mexicanos; es el de un solo juez, Juan Pablo Gómez Fierro, que otorgó suspensiones contra la reforma eléctrica, la Ley de Hidrocarburos y la política de la Secretaría de Energía que obliga comprar gas a Pemex y Comisión Federal de Electricidad, mostró, además, algo más turbio suspendió una multa por 10 mil millones de pesos a la trasnacional Iberdrola.
Recuerdo que estos leguleyos, émulos de aquel sospechoso abogado Burgoa Orihuela usaron la instancia Instituto Mexicano del Amparo, AC (presidida actualmente por su hijo Burgoa Llano), aquél, avaló esa supuesta “quiebra técnica” para desaparecer la industria nuclear mexicana, promovida por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la trasnacional Westinghouse en 1984 con el gris subordinado de esto organismos financieros, Miguel de la Madrid.
Los conocemos como se ponen al servicio de intereses lejanos al bienestar de los mexicanos, intentaron, en posible conflicto de intereses por ser miembros de este instituto, los ministros Luis María Aguilar y Alberto Pérez Dayan, recuérdelo, el primero tuvo oculto o no atendió la defraudación fiscal por 70 mil millones de pesos del dueño de grupo Elektra y TV Azteca.
Se cree intocable Luis María Aguilar, que hasta llegó a preparar una legaloide propuesta de separación del cargo del presidente López Obrador, lo pararon los demás ministros ante el inminente problema social que provocaría este golpe de Estado de un ministrito.
Los ministros y jueces ante la embestida de la votación del pueblo mexicano, harto de sus triquiñuelas y privilegios, dio la confianza al proyecto de transformación de la 4T, en este caso la Reforma al Poder Judicial, para una nueva integración de la SCJN, que sea eficiente, austera y con mucha transparencia.
Nada que hay casos que llevan decenas de años sin sentencia.
La elección de los jueces por nosotros, la ciudadanía, es fundamental, además de mecanismos para la vigilancia de la sociedad para que cumplan su cometido en una justicia rápida y expedita.
Por lo pronto, tuvieron que participar en los foros para la Reforma Judicial, hasta la nefasta ministra Norma Piña. De que va la Reforma va.
Los huracanes. Gran diferencia en la intensidad de los huracanes Otis y Beryl. Otis llegó a intensidad cinco de la escala Saffir-Simpson en las costas de la bahía de Acapulco, en solo ocho horas Beryl bajó su fuerza a su paso por la Península de Yucatán a intensidad dos.
El otro huracán que puede destrozar al PRI, es la prepotencia y descaro de Alejandro Moreno, con su reelección, siguen sin entender la marabunta que los sepultó el 2 de junio, al no tener proyecto de nación.
