Caminaré contigo
No existe nada más liberador, para la aterrada alma, sobre todo en estos años de muchos balazos y más ideológicos bandazos, que revisar los diarios y leer declaraciones cada día más aterradoras, como saber que, en el ranchote, la derecha guadalupana (representada por el PAN, partido del clero reaccionario) dice que ya no se va a aliar ni con el PRI ni con el PRD.
En este último caso es imposible, porque el partido de los Chuchos perdió su registro, y dicen que con el PRI ya no se dejarán agarrar la piernita, porque Alito es más salado que un chamoy.
El PAN es un partido conservador, confesional, de derecha, que perdió el rumbo ideológico de Gómez Morín, González Luna, Preciado Hernández, Castillo Peraza, entre otros.
Hoy el PAN está más preocupado en ganar escaños para que los ocupe la alta burocracia carente de formación, pero preocupados por la beca que significa una diputación o senaduría (Markito Cortés en el mejor ejemplo de la ignorancia política que llega sin méritos al Senado). Desde su fundación, el PAN cristero buscó diferenciarse del populista y corporativista PRI, pero acabó convirtiéndose en un partido satélite, dentro del sistema, avalando las reformas de la burguesía bananera durante el proceso de industrialización.
Históricamente, el PAN pasó de ser oposición a primo hermano del PRI; de luchar contra el sistema político-electoral a ser comparsa durante los años 90 del siglo pasado gracias a la “concertecesión” de la ardilla Diego Fernández de Cevallos (ardilla porque, se decía entonces, no salía de Los Pinos).
Los pronósticos de Salinas de Gortari en su iniciativa de reformas en 1990 (cuando se crearon el Instituto Federal Electoral y el Tribunal Federal Electoral), de avanzar hacia un sistema de partidos competitivo terminando con el sistema de partido “casi único”, permitió a Ernesto Zedillo entregar el Ejecutivo a Fox y éste a Calderón.
Ambos presidentes panistas, incapaces de generar condiciones para transformar el sistema electoral. Ya no digamos de enfrentar la violencia (Calderón el único responsable de lo que hoy todavía vivimos los mexicanos) o algunos de los problemas que Fox dejó pasar por su incapacidad intelectual.
El PAN no se convirtió en el Partido Republicano (norteamericano), en el Partido Popular (español), en el Partido Conservador (inglés), si acaso se convirtió en algún partidillo centroamericano de derecha, incapaz de ofrecer alternativas de desarrollo político o económico, a tal grado que la burguesía progresista se alió a las organizaciones de centro-izquierda (lo vivimos en la alianza de López Obrador y Carlos Slim, cuando el primero fue jefe de Gobierno de la Ciudad de México y ahora como presidente).
Los partidos políticos en nuestro país, en general, son promotores del corporativismo y los sindicatos (siempre bajo la dirigencia de burocracias aliadas al régimen en turno, con el que acuerdan no perder sus privilegios) han sido grupúsculos atados a los intereses de sus dirigencias autoritarias sin el poder de desafiar a los gobiernos en turno.
El sindicalismo mexicano, combativo de izquierda, propositivo, crítico, simple y sencillamente no existe, hoy la mayoría de las dirigencias entraron a formar parte de la aristocracia obrera aliada a la esfera gobernante y fuerte oposición de la democratización del sindicalismo. Ayer oposición, hoy cómodamente a la derecha del espectro político.
Y mientras el gobierno que sale, se pone de acuerdo con el que entra, nuestros paisanos siguen echándole ganas en los Juegos Olímpicos de París, cosechando las pocas medallas que su esfuerzo les otorgue.
Hace muchísima falta el apoyo al deporte desde la niñez, en lugar de que pierdan el tiempo en las pinches redes sociales; ojalá que tengamos un gobierno que apoye el deporte y la música desde la primaria. Pero creo que eso ya es pedir mucho.
