MONTERREY, NL .- Nuevo León presume de ser el centro de la reciente ola de nearshoring, pero los extranjeros que se reubican al Estado se enfrentan a un proceso caótico, desorganizado y obsoleto para obtener su permiso de residencia temporal o de trabajo, lo que choca con la imagen moderna y visionaria que pretende proyectar el Gobierno de Samuel García.
Antes de poner un pie dentro de las instalaciones del Instituto Nacional de Migración (INM) e iniciar oficialmente cualquier trámite, el proceso implica hacer colas, en ocasiones por varios días, durante más de 12 horas bajo un clima sofocante de casi 40 grados o hasta pasar la noche en la calle para garantizar un lugar.
El INM -dependencia del Gobierno federal, cuyo delegado en el Estado es Jesús Macías Sánchez- está ubicado en un edificio de la calle Cuba de la Colonia Josefa Zozaya, en Guadalupe, una zona considerada foco rojo por muchos por su inseguridad.
Hasta antes del 11 de abril del 2022, la oficina estaba en la Avenida Lázaro Cárdenas, en Monterrey, una ubicación señalada como más accesible y céntrica.
Luego se mudó a esta sede en Guadalupe, a donde tienen que acudir tanto ejecutivos extranjeros, como estudiantes foráneos y migrantes que requieren permiso de Migración para vivir, trabajar o estudiar en el País.
No sólo eso, en esa misma instalación, el INM también alberga a migrantes detenidos, en un inmueble anexo que es la Estación Migratoria.
Aunque el INM en el Estado antes permitía reservar citas en línea, este sistema fue eliminado a principios de este año, lo que provocó que las filas afuera de las instalaciones se hicieran mucho más largas.
De acuerdo con trabajadores de la dependencia, la política de «cero citas» les permite atender a todo el que llegue. Pero como en las oficinas dejan entrar a personas de lunes a viernes sólo de 9:00 a 15:00 horas, a diario son atendidas, de acuerdo con los mismos solicitantes, unas 100 gentes.
Según la Secretaría de Economía estatal, Nuevo León atrajo el 76 por ciento de la inversión extranjera directa por nearshoring (relocalización de empresas de otros países) en México en los años 2022 y 2023. Y la tendencia sigue igual este año.
Sin embargo, a medida que llegan más ejecutivos extranjeros al Estado para incorporarse a estas empresas, el proceso de visas de trabajo sólo ha empeorado.
«Quiero retorcerle el cuello a alguien ahí», dijo un profesional canadiense que trabaja en Monterrey para una empresa tecnológica extranjera, a quien esta semana pasada le dijeron que regresara otro día, después de esperar 12 horas en la fila y no alcanzar un lugar para iniciar su trámite. «Esto es horrible».
Además de no tener un sistema de citas, la oficina está rebasada -por mucho- en su capacidad para procesar la alta demanda de solicitudes de visa de trabajo y de estudio, lo que lleva a muchos extranjeros a empezar a hacer cola de madrugada desde las 4:00 horas o antes.
Varias personas que esperaban en la fila esta semana señalaron que en el pasado han hecho estos trámites en las oficinas del INM de otros Estados y ha sido más fácil.
«Esto es muy corrupto», dijo una trabajadora tecnológica canadiense. «Deberías poder conseguir una cita, pero no puedes. Monterrey parece ser particularmente malo».
Un hombre estadounidense de Carolina del Sur se quejó de que había llegado la mañana anterior a las 5:30 y esperó todo el día, pero le negaron el trámite de notificar al INM un cambio de dirección. Regresó al día siguiente a las 4:00 horas y, aun así, llegó a la ventanilla hasta las 17:00 horas, una espera de 13 horas.
Dijo que el papeleo había sido mucho más fácil de procesar cuando antes lo hacía en la oficina del INM de Saltillo.
«Otras ciudades tienen sistemas de citas», dijo. «Aquí no hay ninguno. Tengo que hacer todo esto sólo para cambiar mi dirección».
En otra mañana reciente, ejecutivos de empresas multinacionales, incluido el fabricante de automóviles coreano Hyundai y la japonesa Tokai Rika, estaban entre los cientos de extranjeros que esperaban desde las 5:00 horas en una fila que serpenteaba varias cuadras por la calle.
Entre los de la fila también había trabajadores extranjeros de América del Sur, estudiantes universitarios del Caribe y misioneros de Brasil.
A pesar de que existen gestores que pueden ayudar con el proceso, no pueden acompañar a los foráneos durante la larga espera.
«Imagínese que un empresario de otro país llega aquí y ve esta fila», dijo un gestor esperando a su cliente afuera del INM. «Muy mal para la imagen del Estado».
Una mujer colombiana cuyo esposo trabaja para una empresa finlandesa con sede en Monterrey se quejaba de que era la cuarta ocasión en que hacían cola.
«No dejaron que mi esposo terminara su trámite», dijo, «así que tuvimos que regresar».
Un día de la semana pasada, un grupo de alumnos del Tec de Monterrey de Ecuador, Guatemala y El Salvador llegó desde a las 3:00 de la madrugada para renovar sus permisos de estudiante y todavía estaban esperando su turno a las 16:00 horas.
Igual, una estudiante de intercambio alemana esperaba hace unos días con incredulidad mientras su familia anfitriona intentaba guiarla a través del proceso.
«Esto nunca sucedería en Alemania», dijo la joven de 15 años que planeaba estudiar en la Prepa UDEM en Carretera Nacional. «Ni siquiera puedo creer que esto esté sucediendo».
Lo mismo ocurre a diario con miles de extranjeros que llegan a lo que el Gobernador promueve como el mejor lugar «para nacer, crecer, educarse, vivir y emprender».
Pero ni los funcionarios del INM ni los de la Administración del Estado parecen preocupados por cambiar esta experiencia para los extranjeros que deja en entredicho aquello del «nuevo Nuevo León».
