ZACATECAS. Para Angélica Isabel y Citlaly Joselyn, restauradoras del Instituto Nacional de Antropología e Historia de Zacatecas (INAH), no hay mayor logro que conservar las piezas en las que trabajan como un patrimonio cultural para las generaciones futuras.
“Creo que nuestro trabajo vale la pena porque haces que las cosas que existen duren más tiempo, para que las personas puedan contemplar el arte. Es un patrimonio para las futuras generaciones”, expresó Citlaly.
Las restauradoras tenían claro desde pequeñas que su vocación era la conservación de la historia y la cultura.
Citlaly compartió que es amante del arte, sus procesos y evolución, así como de reparar cosas; y que para ella su trabajo es “como si fuéramos médicos del arte”.
Por su parte, Isabel se vio atraída por la multidisciplinariedad de la carrera, ya que “hay muchas cosas que hacer, como la pintura de caballete, mural, papel y textiles. Cada una es diferente en su método de estudio”.
Ambas han colaborado en proyectos con obras que datan del siglo 18 o incluso más antiguas, como los frescos intervenidos en el museo Rafael Coronel de la capital.
PRIMEROS PROYECTOS
Angélica Isabel señaló que su primer trabajo fue la conservación de un mural del siglo 18 en El Cuidado, Tepetongo.
“Lo recuerdo con mucho cariño. Me dieron la confianza de liberar la pintura mural, y estuvimos con cincel y martillo con mucho cuidado. Pude entender que soy capaz de muchas cosas”.
Por su parte, el primer proyecto de Citlaly fue la restauración de una pintura de caballete del siglo 18 en El Fuerte, Río Grande.
La pieza además de estar quemada “le hicieron procesos que no fueron adecuados”, detalló.
Por ello, “fue muy satisfactorio realizar esa intervención. Se trataba de una pintura de San Santiago en el templo de la comunidad”, relató.
Finalmente, indicó que tuvo que estar lejos de casa durante el trabajo lo cual no fue sencillo.
