PACHUCA. La segunda corrida de toros de la Feria de Pachuca se celebró en medio de un ambiente frío en la plaza Vicente Segura, donde se careció del buen juego de los ejemplares de la ganadería zacatecana de Arroyo Hondo.
Tarde aciaga y sin trofeos en la que prevaleció la entrega de la tercia conformada por Juan Pablo Sánchez, Román Collado y Diego Sánchez.
ENTRE PALMAS
Paula de 497 kilos, el abre plaza de Arroyo Hondo, correspondió a Juan Pablo Sánchez, quien bregó con torería.
Una faena esforzada que se basó en el poder del hidrocálido sobre un toro que le embistió a cuenta gotas. Se metió entre los pitones y se pegó un auténtico arrimón, de uno en uno, bajo la voluntad expuesta y el reconocimiento del respetable.
Fue el tesón de Juan Pablo lo que consiguió sacar a tirabuzón los trazos, dejando el alma por el pitón derecho, donde el astado resultó muy corto en sus embestidas, yendo además a media altura, punteando además el engaño.
Sánchez acortó las distancias, planteando cara, con esa convicción característica. Estocada certera para retirarse entre palmas.
ROMÁN, MUY POR ENCIMA
Dentista de 505 kilos, el primero del lote del español Román Collado. Éste tuvo variedad con el capote, gustando en el saludo que interpretó.
A pies juntos y por alto, Román dio inicio a su labor con la muleta, ante otro ejemplar que tuvo la fuerza medida.
Las embestidas cortas obligaron a Román a estar muy por encima, aunque el astado tuvo ese fondo de nobleza y gran voluntad para embestir, atendiendo el engaño del español.
Qué pena la falta de fuerza. Apuntó mejores condiciones por el derecho, logrando por momentos profundizar en su toreo, mostrando la calidad que aquilata, siempre con el sitio y el temple por delante. Pasaportó al tercer viaje y se retiró entre palmas.
EL VALOR DE SÁNCHEZ
El tercero de la tarde, Emilia de 510 kilos, fue el animal que por sorteo le correspondió al matador de hidrocálido Diego Sánchez, quien saludó por verónicas al de Arroyo Hondo.
El astado en la muleta no cambió el comportamiento de sus hermanos, quedándose muy corto, con medias embestidas y regateando a su paso.
Sin duda no fue fácil resolver el complicado crucigrama, pero Sánchez estuvo a la altura de principio a fin, sacando los recursos con oficia y técnica.
El ejemplar regalaba por derecho dos muletazos y al tercero se frenaba con peligro, dejando el pitón en los muslos de Sánchez, que al final hizo alarde de gran valor y determinación.
LA CERTERA ESPADA
El cuarto de la tarde, segundo del lote de Juan Pablo Sánchez, le permitió dibujar con clase y empaque las verónicas con el capote. Lo entendió desde el inicio.
La madurez y técnica le llevaron a iniciar con mucho poder su faena, cruzarse al pitón contrario y con la muleta muy baja cuajar las primeras series por el derecho.
Por el izquierdo aguantó enormidades y lo metió; al final, el mérito fue de él. Regresó a pitón derecho, pero el animal protestó más.
Los naturales fueron los últimos adornos, con autenticidad y verdad. Certero con la espada se retiró entre palmas.
CIERRE
El quinto, Viajero de 450 kilos, fue un ejemplar de pocas opciones para Román Collado, que estuvo voluntarioso. Palmas.
Pablito, el sexto bis, fue un ejemplar que terminó por romper, tuvo un buen pitón derecho, por lo que Diego Sánchez aprovechó a cabalidad, ligando series acompasadas y dejando ver la naturalidad de su sello y toreo.
De esta manera, fue construyendo una faena que parecía ser el respiro que necesitaba una tarde tan dura y complicada. A pesar de que pasaportó al primer viaje, el juez de plaza le negó la concesión de la oreja, retirándose entre palmas.

