Antesalas
QUE BONITO AMANECIÓ EL MUNDO. Para percatarse sobre qué es la realidad hay que poner atención a sus señales y asomarse de vez en cuando a comprobarlas afuera. Las fotografías, por ejemplo, son como indicios de una realidad que se pueden compartir, claro que actualmente y con todas las ediciones al alcance, la realidad puede ser más o menos editada al gusto y entonces, en su momento, poder recordarla acorde a la versión más agradable de quien la modificó.
Que difícil entonces enterarse de lo real, pero no tanto, para darse cuenta sobre qué es la realidad está bien fácil, nomás hay que ponerse a consultar todas las versiones disponibles y, una vez bien enterados, sacar conclusiones para construir una propia.
Es así entonces que el mundo puede ser terrible o terriblemente bello dependiendo de las versiones disponibles a elegir. Cuestión de salir a la calle el día más agradable del mundo y enterarse de que para muchos no es tan agradable como se andaba creyendo muy optimista y por ello esos otros muchos marchan, protestan y se manifiestan para que todos se enteren de que el mundo no puede ser tan terriblemente bello como se andaba ingenuamente pensando.
Al parecer nadie social y colectivamente consciente, puede o quizás debe de estar tan contento y alejado de esa cochina realidad contra la que tanto se protesta todo el tiempo en las calles.
TEMPORADA DE SALTAMONTES
En la versión capitalista de la realidad nomás se gana o se pierde. Para los que les gusta perder el tiempo, por ejemplo, es suficiente con dejarlo pasar sin hacer nada lo suficientemente productivo para generar ganancias.
Eso de contemplar las auroras boreales, el paso de los pájaros al vuelo o el sonido que hacen los saltamontes son cosas que nomás atienden los improductivos poetas cuando están lo suficientemente contentos o tristes para escribir trivialidades al respecto. Cualquier pedazo de mundo sirve para sentirse poeta.
Los que afortunadamente no son poetas casi no tienen tiempo que perder poniéndose a considerar esas nimiedades que pocas ganancias dejan. Como si el precio del dólar, las permanentes políticas fallidas o el Producto Interno Bruto (PIB) no fueran más importantes que el efímero color del cielo o la plaga de curiosos saltamontes que actualmente acecha la ciudad.
Para poder ganar habría que enterarse sobre lo que sucede en la realidad que sí es objetiva; habría que estar al tanto de los problemas que aquejan a la ciudadanía que se manifiesta públicamente y considerar, por supuesto, que es bien fácil perder el tiempo sin tener éxito en este mundo capitalista, el mismo que al parecer, no se hizo para los que sienten como si no fuera muy importante ganar o perder.
LAS SÁBANAS FANTASMALES
Octubre es la antesala de noviembre que además sirve de sincretismo cultural para integrar dos celebraciones distintas, una del sur y otra del norte.
Celebrar la muerte se ha transformado en un gusto por disfrazarse lo más creativamente posible y convencer de que el personaje interpretado es casi tan real como para desconcertar a los espectadores.
Las tiendas de autoservicio se llenan de opciones para los que no les gusta ser tan creativos al disfrazarse. Máscaras, colmillos y narices sirven de apoyo para interpretar personajes de la literatura, del cine o de la creencia popular desde los primeros días de octubre, no se les vaya a pasar a los interpretantes la fecha y anden como en Navidad, el día de los enamorados o cualquier otra importantísima fecha comprando todo al final.
No importa qué se celebre, lo que importa es incorporarse a eso de lo que todos se enteraron sin saber por qué y puede adquirirse en la sección de novedades de cualquier tienda.
A los cadáveres reales no se les debe de ver porque eso es demasiado real como para celebrar o asimilarlo por eso hay que taparlos con sábanas, cobijas o lo que se tenga a la mano.
Los fantasmas son difuntos que fueron cubiertos para que no se les vea tanto el cuerpo, nomás las ventanitas del alma. Los fantasmas ensabanados son la antesala de los muertos que luego serán calaveritas, ésas sí bien mexicanas.
No importa lo que esté debajo de la sábana sino lo que representa, señales de una poca interesante realidad, la más objetiva sí, pero también, la más terrorífica.
