El patrimonio funerario de la ciudad (3)
Retomando el tema que nos ocupa desde hace dos semanas, hoy hablaremos de uno de los primeros cementerios que se construyeron después de que la Iglesia Católica perdiera la potestad sobre los sitios de entierro en la ciudad -y en todo el país- durante el siglo 19.
En la semana anterior apuntamos que “El ´panteón de los ricos´, como también es conocido el panteón de La Purísima, se inauguró en 1879 en los terrenos de la ex hacienda de La Florida, trasladándose los monumentos funerarios de otros panteones que para la época ya estaban cayendo en desuso por recomendaciones sanitarias (como el caso del de Chepinque y el del Refugio).
Este cementerio es uno de los más famosos o conocidos al menos, pues se ha convertido en un sitio emblemático que llama la atención de chicos y grandes al mostrar elegantes mausoleos que constituyen un verdadero viaje en el tiempo.
Como hemos insistido a lo largo de estos textos, los cementerios son parte importante de la historia e identidad de una ciudad y en el caso del que hoy describimos, ha sido testigo de la evolución de la sociedad zacatecana, sus gustos, sus rituales funerarios y sus apreciaciones ante el duelo y la muerte. Hoy por hoy es un símbolo de memoria, no solo hacia aquellos que ya partieron, sino hacia ese pasado del que todos somos parte.
Cabe mencionar que el panteón de La Purísima se establece en un contexto histórico en el que Zacatecas, como importante centro minero y comercial, experimenta un crecimiento demográfico significativo.
La necesidad de un nuevo espacio para el descanso eterno de sus habitantes llevó a la creación de este panteón, que rápidamente se llenó de tumbas y mausoleos representativos de las familias más influyentes de la región. Amén de los cambios políticos y sociales que también determinaron su construcción, de los cuales hablamos la semana pasada.
Desde sus inicios, el panteón ha visto la sepultura de figuras notables, desde políticos hasta artistas, pasando por extranjeros, masones y demás integrantes de la variopinta sociedad.
Este lugar no solo es un sitio de descanso, sino también un archivo viviente de la historia local, donde cada tumba cuenta una historia y refleja las creencias y valores de sus ocupantes; famosa es la sepultura con inscripciones en árabe, que habla del origén libanés de quien reposa ahí o todos aquellos sepulcros con simbología masónica que tanto llaman la atención por su sabor arcano.
Y es que sin duda, uno de los aspectos más destacados del Panteón de La Purísima es su arquitectura. Las tumbas y mausoleos exhiben una variedad de estilos, desde el neoclásico hasta influencias más contemporáneas. Recorriendo el cementerio, estimado lector, se podrá dar cuenta de que hay una especie de historia del “gusto funerario” -si se me permite llamarlo así- en cada rincón.
Podemos pasar desde los vetustos monumentos del siglo 19 con características neoclásicas o neogóticas, hasta expresiones populares y cariñosas ya contemporáneas, como aquellas tumbas con fotografía, coloridas flores y hasta juguetes, según los casos.
Esta diversidad arquitectónica no solo embellece el lugar, sino que también proporciona una ventana a las mentalidades de nuestra sociedad zacatecana, sin mencionar también los elaborados detalles en piedra, las esculturas y las inscripciones, que finalmente son testigos de la destreza de los artesanos que trabajaron en estas obras.
Hay algunos ejemplos artísticos verdaderamente valiosos. No olvidemos que el ángel marmóreo que custodia el ingreso al actual museo Pedro Coronel, proviene precisamente de este cementerio, constituyendo un ejemplo de cuán lujoso y cuidado artísticamente podían llegar a ser los monumentos funerarios de los miembros de la élite local.
Más adelante haremos una descripción de algunos en particular, pero por ahora, baste decir que el patrimonio funerario local es tan digno de valoración como el de otras latitudes. La próxima semana hablaremos más del tema.
