JURIQUILLA. Siempre las noches de toros en Provincia Juriquilla terminan por tener algo de magia. No existe una sola corrida celebrada en esta plaza que no termine por regalar momentos de grandeza. Tal fue el caso este viernes, pues Enrique Ponce firmó un gran reencuentro con la afición mexicana con dos faenas plagadas de temple. Cortó una oreja, pero lo hecho va más allá de lo numérico.
Quien hubiera tenido un triunfo más grande fue el rejoneador Guillermo Hermoso de Mendoza, que también templó a caballo, pero desafortunadamente malogró sus dos buenas actuaciones con el rejón de muerte, lo mismo que Octavio García El Payo con su primero, al que toreó con gran empaque.
Por su parte, Isaac Fonseca llegó como un auténtico huracán, dispuesto a no dejarse ganar la pelea, y así a su primero le cortó una oreja.
ENTRADA INSÓLITA
Sapito, de 515 kilos, de la ganadería de Los Encinos, fue el abre plaza de la noche en Provincia Juriquilla, que en un hecho insólito, al salir chocó en la esquina de la Puerta de Toriles, y por el impacto murió de inmediato.
Éste fue sustituido por Madrileño, del hierro de Los Encinos, al que Guillermo Hermoso saludó montando a Regaliz.
El matador pasó al astado con un rejón de castigo, montando en el inicio de las banderillas a Lusitano, buscando el lucimiento bajo el concepto del temple y la verdad. Lo llevó de costado con un ritmo excepcional, ejecutando las hermosinas del sello de la casa, pues surgieron de la inventiva del maestro Pablo Hermoso de Mendoza.
Orfeo, un novillo determinado y valiente, cautivó en los embroques y citando de frente, dando el pecho con los argumentos del valor, conjuntó las elevadas en los previos y terminó de conquistar a la afición que se le entregó de manera desmedida.
Justiciero, por dentro, para conjuntar el lucimiento en la gran estampa de la colocación de las rosas. Con una faena ya hecha, Guillermo no se dejó nada y quiso dar un cierre espectacular con un par a dos manos. Falló con el rejón de muerte y se escapó el triunfo, pese a ello el público le ovacionó.
NO FUE A MÁS
Pegaso, de 507 kilos, segundo de la tarde, ejemplar de Los Encinos que marcó el regreso a esta plaza de Enrique Ponce, hizo una sinfonía con el toreo a la verónica, cadencia y ritmo, jugando las manos de manera asentada y ralentizando cada lance. Excesivo fue el castigo en varas, llegando el toro apenas con la fuerza justa.
Ponce fue consciente de que no había mucho por hacer, pero aún así buscó siempre el muletazo con la figura vertical, pulsando apenas, sin obligarle y haciendo todo muy pausado, a buena letra. Lo poco que logró construir tuvo calidad, pero nada fue a más. Además, el público estuvo en un sector muy en contra, sabiendo que el castigo en varas mermó mucha de la fuerza y condición del astado de Los Encinos.
EL PAYO Y SU BUEN TOREO
Coquetón, de 508 kilos, tercer toro de la noche, tocando en suerte al queretano Octavio García El Payo, que una vez más mostró el buen juego de sus manos con el lance capotero, destacando esa media pinturera y aterciopelada.
Un brindis solidario a quienes ya no están y un inicio de faena por alto, para encontrar muy pronto la potabilidad del animal de Los Encinos. Largos y profundos fueron los derechazos en dos primeras series rotundas, plagadas de ese temple tan suyo, donde el tiempo se detiene y se dimensiona la grandeza de un torero en estado puro.
Los cambios de mano con esa inspiración que solo entienden los que llevan la profesión sobre la piel. Fue una faena completa de un reencuentro con su afición y con él mismo. La estocada quedó en buen sitio, pero no fue suficiente para que el novillo doblara. Palmas.
FONSECA, EL TEMERARIO
Cunerito, de 512 kilos, cuarto de la noche, al que Isaac Fonseca recibió con larga cambiada de rodillas. Y así de temerario y rotundo fue su inicio de faena, abriendo el corazón y mostrando una garra con las notas del valor y la autenticidad. Fonseca es, se asume y se muestra sin miedo ni titubeos, y este viernes la fórmula además llevó a un toro con extraordinaria calidad.
La faena fue creciendo en emoción, en inventiva, en demostrar a cada momento que nada se deja, que se abre para sentir, a fin de transmitir, pero sobre todo para no dejarse ganar las palmas. El astado noble, con transmisión, embistiendo por ambos pitones y consumando así su gran labor el michoacano. Pinchazo y estocada, para cortar con fuerza una oreja.
EL SEGUNDO DE HERMOSO
Desde que salió por la Puerta de Toriles su segundo toro, de Villa Carmela, Hermoso de Mendoza avizoró que vendría algo muy grande. Se rodó de una manera impresionante con Jíbaro, escena desde donde surgió la magia infinita del toreo a caballo.
Cuando montó a Berlín todo fue un lienzo para crear una obra firmada con el temple y la clase. Guillermo ya lleva su propia letra, pisó los terrenos, dando el pecho, acariciando el valor infinito.
Hermoso puso la plaza a punto de ebullición, no cabía más sentimiento. Con Justiciero, las últimas notas con tres rosas y un par desafiante a dos manos. Otra vez erró con el rejón de muerte y fue aplaudido.
EL REGRESO DE PONCE
Cubetero, de 532 kilos, el sexto de la noche, al que Enrique Ponce recibió discretamente con el capote. “Por Valencia”, le gritaban desde el tendido, y así fue, toreó en cámara lenta, pulsando cada muletazo, lo hizo ver tan fácil.
El magisterio tan vigente como si nunca se hubiera ido, tan presente, con tanta nostalgia acumulada, que solo existía una manera de reencontrarse; sintiendo e inspirado. Ponce ayudó mucho al ejemplar que tuvo la fuerza muy justa, medida, por eso lidió quizá tan despacio, tan lento, completamente roto y abandonado.
Así fue el mágico reencuentro de Ponce con México. ¡Cumbre! Con el toreo al natural, solo faltaba ese desdén, para la noche consagratoria. Hoy, el maestro siguió dictando cátedra. No acertó con la espada al primer viaje, pero la petición fue mayoritaria y cortó una oreja.
FINAL DE PACIENCIA
Güero, de 518 kilos, fue el séptimo de la noche, un astado muy complicado y muy corto en sus embestidas, quedándose con peligro, terminando con la cara arriba los muletazos, así que no resultó nada fácil, pero pesó más la disposición del queretano Octavio García. Se retiró en silencio.
Poca fuerza tuvo el cierra plaza, Bandolero, segundo del lote de Isaac Fonseca, con el que puso toda la determinación, pues el ejemplar tuvo muy poco recorrido, punteando siempre el engaño y regateando las embestidas. Al final, el animal rompió gracias a ese tesón del torero michoacano que puso raza, paciencia y recursos.

Corrida de la Revolución en la plaza de Provincia Juriquilla
Noche con gran ambiente y un lleno absoluto en los tendidos
Se lidiaron toros de Los Encinos, de buen juego en su conjunto, y uno más de Villa Carmela (cuarto), de rejones, con calidad
Guillermo Hermoso de Mendoza, ovación en su lote
Enrique Ponce, silencio y oreja
Octavio García El Payo, palmas y silencio
Isaac Fonseca, oreja y silencio tras aviso



