En tiempos antiguos el oráculo interpretaba la voluntad divina, quien la transmitía para divulgarla al pueblo. El oráculo era inatacable; cuestionarlo era blasfemia. Muchos profetas y videntes de diversas culturas y credos se corrompieron, pero navegaron con impunidad.
Es lo que pretenden ahora los ministros, quienes ejercen clarividencia selectiva. Enrique Krauze también acusó a López Obrador de querer arrogarse la interpretación iluminada de la historia. Del segundo nos ocuparemos al final; y del primero, solo baste decir que se mordió la lengua.
Pero volvamos a los ministros, lo que es y lo que no es su mandato constitucional. Vayamos a la historia. En tiempos antiguos el patriarca era el juez, presidente, administrador, sacerdote… todo en uno. En la era de las tribus el jefe de la familia dispensaba todas las funciones cruciales en función de su conveniencia y ésta era la de todo el clan.
Como bien sabemos las funciones públicas evolucionaron a modelos con varios funcionarios y niveles de sofisticación, hacia las monarquías y éstas a esquemas más o menos funcionales de repúblicas y monarquías constitucionales. En el camino, la función esclarecedora del principio fundacional del Estado ha recaído en los jueces, ministros, o Lores que encabezan la parte más alta del Poder Judicial.
Doctrinalmente vemos el predominio ideológico para interpretar los principios constitucionales del Estado. Un juez conservador o liberal puede tener un criterio para interpretar el principio constitucional. En Estados Unidos, Roe vs Wade fue un precedente que desde 1973 habilitaba el derecho de las mujeres a abortar; tan ideológica fue la institución de ese caso como la abolición del mismo, vía el caso Dobbs vs Jackson en 2022.
En México tuvimos una interpretación ideológica cuando la Suprema Corte de Justicia juzgó constitucional el anatocismo, el acuerdo leonino de interés sobre interés con el cual se perpetuaban las deudas y se legalizaba el agiotismo bancario. Ese fallo antipopular ha caído en el olvido, pero fue una tragedia para el pueblo deudor. Y solo para un contexto del predominio ideológico neoliberal, los años del anatocismo fueron los mismos del Fobaproa.
¿Es posible tener una corte neoliberal? La hemos tenido. ¿Es posible tener una corte conservadora? La tenemos.
Las llamadas promesas de la democracia, por ejemplo, de los Estados Unidos, cuya constitución, redactada por hombres blancos protestantes, llevaba intrínseca la inclusión para dar cabida posteriormente a mujeres, afrodescendientes y personas de todas las religiones o sin credo.
En lo personal yo puedo vivir con ministros que respondan a su convicción ideológica y voten en conciencia, aunque sean reaccionarios; entiendo que es el caso de uno o dos de los conservadores actuales. Lo que es deleznable es que respondan a intereses de personeros o del grupo político del presidente que los nominó.
Se enfundan en la farsa doctrinal y disfrazan de argumentos lógicos y jurídicos verborreas que no atinan a mínimos de coherencia y decoro. El acceso que ahora nos da la transparencia a sus debates y deliberaciones en tiempo real los pinta de cuerpo entero y el martes no se midieron.
Bendito contraste. Hace miles de años los oráculos no eran transparentes y no mostraban sus deliberaciones y argumentos al pueblo sino cuando sus mandatos se ejercían. Somos afortunados en poder constatar que nuestros jueces constitucionales carecen de decoro argumental; el incidente es trágico pero nadie nos engaña.
Asco aparte dan los corifeos que les dan la razón y dan maromas argumentativas para justificar, una vez mas, el prevaricato.
Adenda. López Obrador, el “dictador” y “jefe máximo” que no se ha vuelto a aparecer, tuvo una interpretación de la historia. Acaso una que compartimos varios y es una metanarrativa que, entre sus elementos afirma que la historia de México es la épica del pueblo contra la derecha. Tal vez sea osado juzgarlo verdad; pero no es malo aceptar que lo asumimos desde una posición ideológica, sin engañar a nadie.
