¿Dónde fue elaborada la Constitución de 1825?
La Diputación provincial decidió, en la sesión del 22 de septiembre de 1823, que la instalación del primer Congreso Constituyente sería el 12 de octubre de ese año.
En la orden previeron que los nuevos diputados debían estar en la ciudad de Zacatecas, y precisaron que “se concluyera anticipadamente la compostura y adorno del edificio destinado a este efecto” (actual edificio del Tribunal Superior de Justicia), pues sería la sede de los poderes republicanos del estado.
Con estas acciones, la Diputación confirmó la autoridad que adquirió tras intervenir en los axiales momentos en que se definió apoyar a la República federal como el método de articulación territorial del Estado nacional.
Al no concluir los arreglos de la casa destinada para el Congreso, se difirió el acto para el 19 de octubre. Agréguese que varios de los diputados electos, propietarios y suplentes se negaban aceptar el encargo.
Lo hacían por carecer de recursos económicos para sostener con dignidad la responsabilidad política y por considerar el peligro de sus bienes al descuidarlos, por ir a la ciudad de Zacatecas. Igualmente, no ignorar que algunos se negaban aceptar porque eran escépticos del nuevo régimen.
En los 10 y ocho meses de labores de la Diputación, ésta sesionó en dos edificios. La primera fue en “las casas consistoriales” (marzo-junio de 1822). Luego pasó a la casa que ocupó rentada el intendente José María Monter, sita en la plaza de la Pirámide, entonces denominada de La Constitución (en recuerdo del texto gaditano de 1812). Aquí permaneció hasta el final de su labor (junio de 1822-octubre de 1823).
En la segunda casa ocurrió de todo: Leyeron decretos, circulares, peticiones y órdenes; escucharon a los colegas acerca de sus manifestaciones de lealtad iturbidista. En las reuniones ordinarias, extraordinarias y secretas definieron cuál era el poder necesario para mantener la representación política de la provincia y disminuir la autoridad del intendente y de los comandantes militares.
Pero, sobre todo, en ese edificio se pactó la transición política. Inició allí la redacción de la legislación estatal y la discusión de la Constitución política de 1825.
Nos detenemos en la casa rentada de la Diputación, porque éste fue el espacio de acción institucional. Ahí germinó la sociabilidad política con ejercicio de poder.
La casa, pese a ser alquilada, estuvo cargada de símbolos de poder y estatus. Los tuvo tanto como el edificio de las Cajas Nacionales (el edificio derruido en junio de 1914) o el del ayuntamiento, que eran otras instancias de poder. Las actas de sesiones y los oficios que emitió la Diputación permiten notar que la casa fue el espacio privado de la institución.
Lo es si fijamos la mirada en el lugar donde los diputados, además de ejercer la representación política de la provincia, pasaban parte del día y en algunas ocasiones los días y sus noches.
El 18 de octubre, pasado el mediodía, en la sala de sesiones donde estaba la mayoría de los integrantes de la Diputación provincial, el médico José María Herrera, en su calidad de ceremoniero para el tránsito entre esta instancia y el nuevo Congreso, expresó que no había “demostración alguna que manifestara el regocijo en que debían estar poseídos los habitantes de esta capital por la instalación de su congreso”.
Las determinaciones, acordadas horas antes de la sucesión entre la Diputación y el Congreso, aunque tienen el halo de la improvisación, son parte de un esquema cultural que procuraba convocar a la lealtad política.
Las fijaron desde el ejercicio del monopolio del poder que ostentaba la primera asamblea. Por supuesto que existen otras acciones que antecedieron la invención de la tradición republicana y la construcción del poder estatal.
Lo inmediato en la agenda fue la creación de un lenguaje capaz de dotar de sentido a los “mitos” republicanos. También ocurrió la definición de los lugares con los que se proyectaría el nuevo régimen.
