Cero y van cuatro
Usos y costumbres. Hay quienes dicen que el ser humano se puede acostumbrar a cualquier cosa y eso, más que una afirmación ineludible, puede que sea más bien una especie de resultado deductivo basado en una teoría antropológica adaptativa muy optimista.
Acostumbrarse es ver con normalidad lo que sucede e incluso tener cierta confianza en que de igual forma se repetirá. Solo los ojos acostumbrados pueden mirar tranquilamente cómo pasa un día cualquiera tras otro, porque saben que habrá uno nuevo disponible después para seguir mirando tranquilamente más o menos lo mismo.
Saber cómo suceden las cosas permite acostumbrarse a lo que sirve como una especie de mecanismo defensivo ante las insospechables amenazas, incluyendo por supuesto, la incertidumbre.
No se puede andar por el mundo ignorando lo que puede suceder. La experiencia otorga conocimiento a los que aprenden a predecir sucesos basándose en lo que pasa más o menos igual todos los días. Acostumbrarse es, al menos creer, que ya se aprendió cómo funciona el mundo.
LOS EXPERTOS
La experiencia permite aprender cómo funcionan las cosas, aunque regularmente por la más bien breve duración de la vida, es posible ser expertos cuando mucho en un solo tema. Hay expertos en álgebra, en jurisprudencias y en marxismo que se organizan para mostrar sus nuevos conocimientos adquiridos, se felicitan y publican sus nuevas experiencias en las que ya se volvieron expertos.
También existen otros tipos de expertos en temas de mayor utilidad, pero a esos regularmente no se les reconoce, felicita ni se les aplaude tanto. Se puede volver experto en algo solo de tanto observarlo, al menos así les gusta creer a los expertos en detectar expertos. Hay expertos en predecir el clima, en adivinar diálogos de las películas y hasta en predecir resultados electorales.
Los expertos se reúnen entre ellos a intercambiar sabiduría para hacer un mundo mejor, uno en el que sí se respete la experiencia porque, pese a todo su esfuerzo, parecería que las grandes decisiones, las que afectan a todos expertos o no, siguen siendo tomadas por puro inexperto.
REPORTE DEL CLIMA
Para que algo se vuelva normal hay que enterarse que varios lo comparten. Las cosas que se normalizan desaparecen precisamente porque no hay que preocuparse tanto por ellas, están ahí sin necesidad de considerarse porque así son, no cambian tanto ni tan seguido. Se normaliza lo que se repite y es lo suficientemente frecuente como para no ser detectado.
Es normal que haga frío en invierno y calor en verano, al menos en esta parte del mundo y según los libros de texto gratuitos que enseñan que cada estación tiene sus peculiaridades.
Se puede predecir que en invierno va a caer nieve y que en verano hay que despolvar los ventiladores. Se puede consultar cómo va a estar el cielo mañana para ponerse bufanda, gorrito o bloqueador solar. La climatología permite adelantarse al futuro para tomar precauciones y al menos en esas cosas, sentir que se le lleva un poco de ventaja a la experiencia y al tiempo.
ESTRENAR
Los calendarios se hicieron por si alguien se le olvidaba en qué día andaba viviendo, para recordar que sí vivió y para más o menos planear, con toda confianza, lo que podría vivir.
A los años se les puso un número distinto para que no se repitieran y no fuera la gente a equivocarse y pensar que vivía un día que ya había pasado u otro que todavía no había llegado. Se fijó como parámetro un señor que dijo que era el mesías para un antes y un después.
En los calendarios pueden repetirse los días, los meses, pero los años no, por eso cada año se puede estrenar calendario y hacer como que se vive un presente único e irrepetible, año con año, mes con mes y día con día.
Cada ciclo calendarizable lleva marcadas las fechas importantes para que no se le vaya a pasar a la gente saber que sus días son especiales y no igual de normales como cualquier otro. La fecha de nacimiento, las quincenas y los aniversarios también son fechas muy especiales que todos los calendarios ignoran. Año con año que esperanzador es voltear a ver un nuevo calendario.
