Pepe El Toro es inocente
No existe nada más liberador, para la aterrada alma, sobre todo en estos años de muchos balazos y más ideológicos bandazos, que leer los diarios y las redes sociales y enterarse que, el sindicalismo en nuestro país sigue de capa caída.
La gran mayoría de sindicatos se convirtieron en espacios donde las burocracias se dan vida de grandes señores, mientras la base trabajadora, la raza de a pie, sigue siendo vulnerada en sus derechos.
Qué tiempos aquellos de las grandes batallas del Sindicato Mexicano de Electricistas (la corriente democrática, de Rafael Galván), el Sindicato de Trabajadores de la UNAM, el Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Nuclear y otros no afiliados a la patronal y gubernamental CTM.
Pero, con el paso de los años, el gobierno se encargó de darle en la madre al sindicalismo independiente y la lucha de la clase obrera entró en una etapa de estancamiento, toda vez que las distintas administraciones se encargaron de intervenir en los sindicatos para imponer líderes a su modo, que se encargaron de la noble tarea de hacerse millonarios, valiéndoles un pepino la base (póngales nombre, les doy uno: Elba Esther Gordillos en el sindicato de maestros).
El corporativismo ha sido un elemento de control sobre los sindicatos en el país y en las entidades federativas, donde los gobernadores tienen a modo a los gremios que llegan a fraguarse en sus ranchos. ¿Ejemplos? Los famosos sindicatos al servicio de los gobernadores y presidentes municipales. Aquí en el rancho tenemos el famoso SUTSEMOP (Sindicato Único de Trabajadores al Servicio del Estado Municipios y Organismos Paraestatales), que en realidad poco o nada hacen por la base trabajadora, son comparsas de los gobiernos y sus líderes puestos a comodidad de las autoridades.
En realidad, el sindicalismo está cooptado por los gobiernos, sus dirigentes solo se mueven cuando hay necesidad de apoyar al patrón y, en las celebraciones de mayo, gritan y se desgañitan para taparle el ojo al macho.
Seamos sinceros: el sindicalismo está a la baja. Veamos el ejemplo de estos últimos días en el rancho, en donde un líder seccional de una secretaría de gobierno, alborotó a algunos trabajadores para solicitar se despidiera a una funcionaria.
El susodicho sujeto, misógino y patriarcal, comenzó con su táctica sindical primitiva y ¡tómala barbón!, que se publica en nuestro diario, NTR, (el 22 del mes y año en curso) su sanción por acosador después de la investigación de la Comisión de Derechos Humanos (expediente CDHEZ/283/2024), quien acreditó que sí, que acosó a una compañera de trabajo.
Así es, el angelito sindicalista se pasaba de rosca con sus compañeras y, para vengarse, alborotó a la gallera y solicitó se despidiera a la encargada de Recursos Humanos de la secretaría (dedicada a las cuestiones del campo zacatecano, pues). Todo esto llegó al lavadero de las redes sociales y hubo mujeres que salieron a defenderlo (las antifeministas, supongo) y hasta acusarla de nepotismo (su hermano es diputado local por el extinto PRD). Pero supongo que la fauna godín no sabe lo que es nepotismo y mejor hay que darles unas clases en alguna primaria estatal, para que aprendan en qué momento se cae en una conducta de nepotismo (digo, hay que ser bestia, pero no tanto).
¿En qué terminará el asunto? Estoy convencido de que la mentalidad ranchera de los funcionarios de primer nivel se impondrá: cambiarán de adscripción a la funcionaria (“al cabo es mujer”, dirán los asesores) y los acosadores festejarán con una carnita asada su triunfo.
El patriarcado triunfará (con el apoyo de las antifeministas que algo obtendrán a cambio) y como siempre: quienes trabajan con rectitud, sufrirán las consecuencias de un gobierno que no respeta el trabajo, la dignidad y la honorabilidad de sus mujeres. ¡Qué poca!
