La oposición se considera un elemento básico y esencial de los regímenes democráticos. Su importancia radica en que son el factor de control y limitación de los gobiernos en turno y la alternativa a la formación de nuevos gobiernos. En algunos casos, esa oposición, de acuerdo con sus intereses, puede aliarse con el partido gobernante o con otros partidos opositores”
Quizás usted, estimado lector, ha leído o escuchado en diferentes espacios informativos (periódicos, redes sociales, programas radiofónicos y demás) que “la oposición esto”, “la oposición lo otro”, “la oposición aquello”; también, que determinados personajes se asumen como “oposición al gobierno en turno”, y dependiendo de la geografía de la que hablemos y el emblema partidista que gobierne, tendrá un matiz determinado.
Sin embargo, quizás no hemos reflexionado un poco en qué es la oposición en sí (en el deber ser de las cosas) o qué puede significar el concepto en la actualidad y lo que se visualiza a mediano plano (entendamos este periodo como el equivalente a dos o tres años).
Y precisamente por eso, le comparto esta definición inmediata que encontré en la red: oposición “es la unión de personas o grupos que persiguen fines contrapuestos a aquellos que buscan los grupos o personas que detentan el poder político o económico que son reconocidos institucionalmente como autoridades respecto de las cuales los grupos de oposición hacen resistencia, sirviéndose de métodos y medios constitucionales-legalistas o ilegales y violentos”.
La puede consultar en el glosario de términos de la Secretaría de Gobernación para que tenga la referencia directa.
Analizando la cita, desmenucemos la información. Lo primero es que la oposición es una “unión de personas”, es decir, se necesitarían varios individuos o asociaciones aliadas, coaligados, entendidas, agrupadas y amalgamadas bajo una especie de bandera o proyecto político y a partir de ahí estos “persiguen fines contrapuestos” a quienes detentan el poder político.
Ahora bien, ¿cuáles son esos fines “contrapuestos” en la actualidad en su comunidad, municipio, región o entidad federativa? ¿Qué objetivos tienen en estos momentos los gobiernos en turno y cuáles se definirían como “opuestos”? ¿Qué podría hacer diferentes -y contrapuestos- a unos proyectos de gobierno de otros que aspiran serlo?
Y una vez que identificamos lo que hacen -o dejan de hacer- los gobiernos, sus protagonistas, sus acciones, la percepción e idea sobre ellos, insisto, ¿qué sería lo “opuesto”? La respuesta que usted tenga a esa pregunta le abriría la idea de lo siguiente en la definición, es decir, lo relacionado con cómo las personas o grupos opositores “hacen resistencia, sirviéndose de métodos y medios constitucionales” para incidir en la vida pública.
En este punto, piense usted no solamente en discursos, sino en determinadas labores (propuestas de políticas públicas, programas u acciones de gobierno) que señalan a la administración en turno, pero a la par establecen su propuesta de mejora o intervención (llamémosle el “yo haría esto”) para poder diferenciarse con claridad.
La explicación sobre el concepto también señala que “El término se emplea también para hacer referencia al partido o partidos que no ostentan el poder político materializado en el gobierno y las políticas y programas que éste promueve”.
La oposición se considera un elemento básico y esencial de los regímenes democráticos. Su importancia radica en que son el factor de control y limitación de los gobiernos en turno y la alternativa a la formación de nuevos gobiernos.
En algunos casos, esa oposición, de acuerdo con sus intereses, puede aliarse con el partido gobernante o con otros partidos opositores”. ¡Uf!
Ahora bien, piense Usted en aquellos partidos -que por definición son organizaciones de interés público- que pueden ser una “fuerza opositora”, es decir, que tengan el suficiente soporte y legitimidad para contrariar al gobierno en turno.
¿Qué deben pensar distintos los partidos, tanto los gobernantes como los opositores? ¿En qué debe radicar la diferencia entre ellos? ¿Qué personajes deben representar esa diferencia?
Y en este punto, quizás ya debemos remitirnos a las personas. Es común leer o escuchar que, en la actualidad, muchos partidos políticos, en distintas esferas de actuación se han convertido en “Club de Toby” o en “agencias de colocación” que juegan a participar en el encuentro electoral – ¿democrático? -, pero con una característica peculiar: a veces, dada la preminencia de determinada fuerza política gobernante, es mejor apostarle a participar, pero para perder, pues perdiendo se gana más, es decir, “véngase para acá la posición plurinominal o de representación proporcional”.
Y de ahí, ¿nace una perspectiva opositora? O bien, ¿se fortalece una idea de oposición? Parece que no lo hemos visto así.
Ser oposición hoy día, salvo su mejor opinión, podemos pensar que debería enfocarse a ofrecer posiciones fijas, congruentes, a los mejores personajes, con suficiente capacidad de gobierno para ofrecer eficiencia y eficacia en la labor pública, independientemente de puntos “radicales” entre izquierda y derecha.
En el mediano plazo la oposición podría ofrecer un giro hacia la ciudadanización y el talento gubernamental, en lugar de privilegiar popularidad. Ya hemos visto que lo popular no es lo más eficiente, pero bueno, así es el juego de la democracia. ¿O Usted qué piensa?
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
alfonsodelrealzac@outlook.com
Facebook: PonchoDelReal
COLUMNA: Asuntos Públicos
TÍTULO: ¿Qué significa ser oposición en estos tiempos y para el mediano plazo?
AUTOR: Alfonso Carlos Del Real López*
