Violencia digital, un reto para la justicia
La expansión de las tecnologías digitales ha transformado radicalmente la forma en que las personas interactúan, se comunican y expresan su intimidad.
Sin embargo, junto con estos avances, han emergido nuevas formas de violencia, como la violación a la intimidad sexual, que afecta de manera desproporcionada a mujeres, niñas y adolescentes.
Este tipo de violencia, que puede consistir en divulgar, distribuir, comercializar, solicitar o producir material íntimo; incluso la mera amenaza de hacerlo, genera profundas secuelas psicológicas y sociales en las víctimas, afectando su salud mental, su entorno social y su desarrollo personal.
La violencia digital, en su vertiente de violación a la intimidad sexual, es un delito que se prevé en el artículo 232 Ter del Código Penal del Estado de Zacatecas, es una manifestación de violencia de género que se da en espacios virtuales, como redes sociales, aplicaciones de mensajería o plataformas de almacenamiento que, en los casos más graves, se castiga con hasta 12 años de prisión.
Si bien, cualquier persona puede ser víctima, la mayoría de los casos reportados involucran a mujeres, niñas y adolescentes, quienes son más vulnerables debido a las desigualdades estructurales y culturales perpetuando la discriminación y el control sobre sus cuerpos y sexualidades. En el caso de niñas puede constituir delitos más graves como la pornografía infantil. (ONU Mujeres, 2020).
En el ámbito psicológico, las consecuencias de esta forma de violencia son graves y duraderas. Las víctimas suelen experimentar ansiedad, depresión y pensamientos suicidas. El sentimiento de exposición pública, traición y pérdida de control sobre la propia intimidad genera un gran daño en la autoestima y la identidad.
A menudo, las mujeres que atraviesan estas situaciones sufren revictimización, no solo por parte de sus agresores, sino también por su entorno social, que suele culpabilizarlas por haber generado el contenido íntimo. (Barragán, 2021).
A nivel social, las víctimas pueden enfrentar estigmatización, aislamiento, pérdida de oportunidades laborales o educativas, y deterioro en sus relaciones personales. Las niñas y adolescentes constituyen un grupo particularmente vulnerable ante esta forma de violencia.
En muchos casos, el acceso temprano a dispositivos digitales y redes sociales, combinado con la falta de educación sexual y digital, las expone a situaciones de manipulación y extorsión. A esta edad, el desarrollo de la identidad y la autoestima está en plena formación, por lo que la exposición no consentida de contenido íntimo puede tener consecuencias devastadoras. (INJUVE, 2023).
Además, la violencia digital puede generar en las adolescentes una visión distorsionada de su valor personal, asociándolo únicamente a su imagen o sexualidad, lo cual puede tener efectos duraderos en su desarrollo psicoemocional. También puede propiciar conductas de autolesión o aumentar el riesgo de suicidio, especialmente si no cuentan con redes de apoyo emocional o acompañamiento psicológico adecuado.
En Zacatecas, en 2024 se denunciaron 101 casos, y hasta mayo de 2025, van 42 denuncias interpuestas ante la Fiscalía Especializada de Atención a Delitos contra las Mujeres por Razones de Género; se ha logrado judicializar 34 casos con 15 sentencias condenatorias que nos hablan de la necesidad de seguir promoviendo la denuncia, ya que combatir esta problemática requiere una respuesta integral y multisectorial.
Es imprescindible fortalecer los marcos legales que reconozcan la violencia digital de contenido íntimo como una forma de violencia de género.
En el ámbito educativo, es urgente promover una educación sexual y digital integral desde edades tempranas, que enseñe sobre el consentimiento, el respeto a la privacidad, el uso responsable de la tecnología y los riesgos del entorno digital.
Asimismo, es fundamental fomentar entornos familiares y escolares donde niñas y adolescentes puedan hablar sin miedo sobre sus experiencias y emociones, recibiendo apoyo y orientación en lugar de juicio o castigo.
Finalmente, es clave visibilizar las voces de las víctimas y trabajar para erradicar las narrativas sociales que justifican esta forma de violencia. La lucha contra la violencia digital de contenido íntimo no solo es cuestión tecnológica o legal, sino también cultural y estructural. Implica cuestionar los mandatos patriarcales que siguen marcando el cuerpo y la sexualidad femenina como objetos de control, exposición y castigo.
Referencias bibliográficas
● Barragán, J. (2021). Violencia digital: una nueva forma de agresión contra las mujeres. Editorial Tirant lo Blanch.
● INJUVE (2023). Adolescentes y violencia digital: estudio sobre el impacto psicológico de la difusión no consentida de imágenes íntimas. Instituto de la Juventud.
● ONU Mujeres (2020). “Violencia en línea y violencia basada en género: una mirada al entorno digital”. Recuperado de: https://www.unwomen.org
*Columna colectiva de la Fiscalía General de Justicia del Estado de Zacatecas (FGJEZ)
**Maestra en Ciencias
