Pedro Valtierra, Sin miedo a la luz
Anoche fue presentado el libro Sin miedo a la luz, el cual contiene fotografías de Pedro Valtierra, y textos de Ricardo Yáñez, Élmer Mendoza y Pedro Mellado Rodríguez (Cuartoscuro, Agencia de fotografía y editora, 2025). El acto se significa porque con el volumen se celebran, en parte, los 50 años de Valtierra como fotógrafo profesional y su incursión en la prensa de circulación nacional.
La obra de Pedro Valtierra la sitúo en los periódicos Unomásuno, La Jornada, Mira y los servicios de fotografía a través de la Agencia Cuartoscuro. Es una atención que comprende desde el segundo lustro de la década de 1970 a prácticamente nuestros días.
El conjunto de las imágenes tiene una clave: no configuran episodios o artificios que proporcionen culto a la personalidad, por el contrario, son representaciones de la realidad donde estuvo presente: las revoluciones centroamericanas (Nicaragua y El Salvador), secuencias de movimientos sociales en México (mineros de Hidalgo, diversas manifestaciones urbanas y los zapatistas).
Las fotografías de Sin miedo a la luz (desde las chiapanecas a Idalia, las mujeres de la portada y las referenciales del ’85 y la revuelta en Chiapas, hasta las captadas en la República Árabe de Saharaui, en Cuba y Haití) todas poseen autenticidad, expresan una experiencia o una visión social -obvio también política- de Valtierra.
Proporcionan elementos para proyectar la realidad (de lo captado). Son obras que contienen una verdad: las de su propia existencia y la capacidad de captar por parte del autor. Exponen el testimonio de un tiempo, dicen sin rodeos lo que se era y lo que se es.
No voy a describir meticulosamente el contenido del libro, pero sí señalo: qué bien hecho está: está integrado con poesía, referencias biográficas y realidades de alguien que, sin olvidar orígenes, se concienció que el poder se representa por alusiones y no por rostros hieráticos de personas del momento; en cambio ha dado rostros a las multitudes, manos empuñadas, muecas de gritos. Poseer y recorrer las fotografías de Sin miedo a la luz proporcionara datos que contienen el olvido y las instantáneas imágenes rápidas de las redes.
Felicidades Pedro Valtierra por tus iniciales cincuenta años de trabajo.
Antes de la batalla, día 4
Si fuese corrido, un fragmento sería: el sábado 13 de junio de 1914, sepan lectores que Villa y Carranza pelearon vía telegráfica. Hombres de armas y política se enfrentaron. La vetusta ciudad de Zacatecas fue el motivo. La disputa ocurrió porque Carranza, el Jefe Constitucionalista, ordenó a Villa, el jefe de la División del Norte, mandar 5 mil hombres a Zacatecas.
Los de la División del Norte irían para apoyar a las fuerzas del Centro y otros de Durango. Quienes desde hace un par de días atacan la ciudad de Zacatecas. Lo hacían sin éxito, con más pérdidas que un posible triunfo. Villa desde Torreón comentó: él puede ir, pero el viaje duraría 5 días. Y, si mandaba a sus hombres, estos no se avendrían con los Arrieta.
Carranza, desde Saltillo, respondió que ya Pánfilo Natera había tomado Guadalupe y las proximidades del Grillo y Las Mercedes. Villa iracundo agregó estar dispuesto a dejar el mando de la División del Norte. Carranza aceptó y lo felicitó por las acciones en favor de la nación.
Entonces pidió que los jefes de la División del Norte definieran al nuevo líder militar. Los hombres de la División del Norte se reunieron, pero decidieron que el 14 de junio de 1914 darían respuesta.
Mientras la disputa entre Villa y Carranza era por vía telegráfica, en la vetusta ciudad de Zacatecas cayó una lluvia generosa. El cielo nublado se mantuvo en la noche del sábado para el domingo. La acción bélica nocturna fuerte sucedió en la trinchera próxima al ferrocarril. El embate de los constitucionalistas permitió entrar a las calles enfiladas a la ciudad.
En tanto ocurrió el enfrentamiento, simpatizantes constitucionalistas le entraron a la pelea. Desde los techos de las casas agredieron a los federales huertistas. Localizados los atacantes civiles, fueron detenidos y fusilados.
Posdata
Junio 13 de 1908. Ramón López Velarde es un joven de 19 años. Estudia en la ciudad de San Luis Potosí, cursa el primer año de Jurisprudencia. Paralelo a ese quehacer, ha iniciado un oficio que lo distinguirá el resto de su vida: escribe y pública poesía. En este día, El Observador de Aguascalientes contiene un poema suyo: “Lluvia eterna/ ¡cómo azotas/ el cristal de mi ventana!/ si parece/ que tus gotas/ son el llanto/ de una pena sobrehumana!”
