Carta al personal de la ADSC Zacatecas “1”
Estimadas y estimados compañeros de la ADSC Zacatecas “1”:
En Servicios al Contribuyente del Servicio de Administración Tributaria (SAT), compañeras y compañeros, sabemos que se entiende la verdadera implicación de lo que es un servidor público: servir, ayudar, asistir, atender, auxiliar… y hacerlo casi de manera abnegada.
En Zacatecas he sentido la dimensión clara de nuestra labor: en una entidad federativa con tantas carencias, retraso y necesidades, los contribuyentes hacen un gran esfuerzo por atender sus responsabilidades fiscales y nosotros, lo sabemos bien, debemos poner el mayor empeño en ayudar, independientemente de la frustración o el miedo con el que el contribuyente llega a asistir a nuestras oficinas, o del injusto y grosero trato del que podemos ser objeto.
No somos culpables de su situación fiscal, pero tenemos que ayudarlos con la orientación mínima que les ayuda a tener tranquilidad y, eventualmente, una situación en orden.
La circunstancia actual de un trabajador del gobierno federal, pero particularmente del sector hacendario y de quienes pertenecemos al SAT, difiere de historias de antaño en cuanto a privilegios. Hoy en día, en el SAT tenemos una idea clara: debemos ser servidores públicos austeros, comprometidos y transparentes.
No buscamos reconocimiento; buscamos ayudar; no pretendemos fanfarrias, pretendemos que el contribuyente culmine su trámite; no necesitamos aplausos, un “gracias” es más que suficiente.
No importan los horarios, las cargas de trabajo, los reclamos de los contribuyentes por cualquier situación institucional (aunque no nos competa), vaya, ni siquiera llega a importarnos pasar más de 12 horas en la oficina, porque compartimos un leitmotiv: “hay que sacar la chamba”. Y la chamba es compleja, dura y en ocasiones hostil, pero gratificante.
Además, en Zacatecas tenemos un mosaico de necesidades del contribuyente amplio, muy vasto, y no nos importa remar contracorriente ante la ausencia de cultura contributiva de tantos y tantos contribuyentes. Aun así, hemos sacrificado mucho tiempo con los seres queridos para atender nuestra razón de ser: atender al contribuyente, ayudarlo, incluso pasando horas en carretera, durmiendo en espacios ajenos, comiendo lo que hay.
Tenemos claro algo: afuera de nuestras oficinas hay situaciones radicales con los contribuyentes: enojo supremo por resultados fiscales; ignorancia tributaria que necesita de nuestro esfuerzo para revertirse; dolo o mezquindad de contribuyentes que buscan aprovecharse del esquema fiscal; abuso y gandallismo de terceros, gestores, coyotes, despachos que, como decimos, “se pasan de lanza” con el contribuyente, cobran cosas que son gratuitas o llevan al extremo el aprovecharse vilmente de la vulnerabilidad fiscal de las personas.
Y ante ello, sabemos que es necesario poner nuestro granito de arena para acotar tanta injusticia y arbitrariedad.
Trabajamos muchas veces a marchas forzadas, a presión. A veces ni siquiera alcanzamos a comer bien; dejamos de ver a nuestros seres queridos por atender las responsabilidades; sabemos a qué hora entramos, pero no a qué hora saldremos.
Pero, más allá de eso, sabemos que nuestro trabajo cuenta, y cuenta mucho: somos puerta de entrada y de salida de la vida tributaria, y en ello está el abonar a que este país tenga los recursos que se necesitan para atender tantas y tantas necesidades.
La institución es pilar nacional. No hay mejor escuela de gobierno que el SAT. Y sabemos que todos los días se aprende algo, se vive algo, se ayuda a alguien. Ustedes quizás no lo saben compañeras y compañeros, pero he tenido la fortuna de transitar en Servicios al Contribuyente bajo una premisa básica: hacer el mayor esfuerzo posible para dar la mejor atención de calidad y calidez al contribuyente, proporcionándole orientación, trámites y servicios, y facilitarle el cumplimiento de sus obligaciones fiscales.
Ello, en los últimos años enmarcado en los planes maestros, donde nuestro trabajo ha tomado una relevancia grata, por fin. Todo eso se ha afianzado trabajando con ustedes, con el equipo de la ADSC Zacatecas “1”.
Cuando hablo de EQUIPO, desearía tener las palabras suficientes y precisas que externen lo bien que se siente cuando me felicitan o reconocen por un buen servicio, por atender un trámite positivamente, por explicar con claridad algo, por ayudar a solventar situaciones. Y me lleno de orgullo porque sé que no es un tema personal, no soy yo, son USTEDES: la suma de cada factor consciente, responsable, honesto, trabajador, profesional y entregado que hay en ese GRAN EQUIPO que es el personal de la ADSC Zacatecas “1”.
Lalito, Susy, Licenciado Héctor, Robert, Layssa, Chío, Perlita, Ionesy, Tania, Erikita, Ilce, Licenciado Emmanuel, Sandrita, Gaby, Cristi, Frida, Fátima, Señora Oti, Señora Elvia, Fer, Valeria, enroladores, prestadores de servicio social y prácticas profesionales, personal de limpieza, de seguridad: en este 28 aniversario del SAT, ¡Gracias por tanto! ¡Sigamos contribuyendo para TRANSFORMAR!
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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