ZACATECAS. Una vez más la Olimpiada Nacional 2025 terminó con la misma pregunta de siempre: ¿Qué falló esta vez? la respuesta es dolorosamente predecible: todo, porque nada ha cambiado. Zacatecas sigue siendo el estado que compite por no quedar último en el medallero, mientras sus funcionarios deportivos buscan excusas nuevas y creativas para justificar este fracaso de cada año.
Muchos de los atletas que se alzaron con la gloria en sus respectivos deportes, es importante señalar que lo hicieron gracias al mérito propio, de sus entrenadores y el sacrificio familiar. No por el apoyo institucional, sino a pesar de él. Estos triunfos individuales son espejismos que ocultan la realidad: Zacatecas carece de un sistema deportivo competitivo y funcional.
La pregunta incómoda que nadie quiere responder es: ¿Cuándo admitiremos que llevar décadas en los últimos lugares del medallero no es mala suerte, sino falta de visión y planeación institucional? Otros estados, e incluso instituciones con menos recursos y población, han logrado posicionarse mejor que Zacatecas en la tabla general. ¿Cuál es nuestra excusa?
Mientras tanto, los programas del «Bienestar» parecen esquivar las necesidades de la delegación zacatecana, que es donde realmente hacen falta. Recursos millonarios se destinan a espectáculos futbolísticos, pero los atletas que representan el estado siguen entrenando en condiciones precarias, sin apoyo metodológico, médico, psicológico y nutricional adecuado, instalaciones deficientes y equipamiento obsoleto.
La realidad es que Zacatecas ha institucionalizado la indiferencia deportiva. Hemos normalizado ser los últimos como si fuera nuestro destino. Los funcionarios cambian, las administraciones se renuevan, pero los resultados permanecen idénticos: decepciones envueltas en promesas vacías.
¿Cuándo dejaremos de preguntarnos qué falló para preguntarnos qué necesitamos cambiar radicalmente? La respuesta está en el aire: todo el sistema deportivo zacatecano requiere una revolución, no solo el cambio de cabeza institucional.
