Un millón de cuartos propios
Como creo en la lectura como acto para reivindicar al individuo y, a veces, crear comunidades o al menos puentes de entendimiento, presentaré en este espacio esas lecturas que, amable lectora lector, ayudan a esas ideas, a pensarlas quiero decir, comentarlas y debatirlas; de la reflexión al regocijo, unidos las más de las veces, las veces que se puedan unir. Digo libros, pero podría decir historias, fábulas, presentadas en los nuevos y viejos formatos en que las asimilamos.
De manera menos frecuente, compartiré comentarios de lecturas o aconteceres sobre algunos de mis intereses profesionales, que en muchas maneras inciden en nuestras maneras de leer, en qué y cómo lo hacemos: la edición de libros y la traducción. Va esta primera columna de Altas y bajas como invitación para compartir desde este espacio.
Preguntarse por nuestro tiempo, preguntarnos por nuestro tiempo es el ejercicio que Tamara Tenenbaum (Buenos Aires, 1989) propone en Un millón de cuartos propios, ensayo que se mereció la primera edición del Premio Paidós, creado como parte de la celebración de los primeros 80 años de la editorial.
El ejercicio de reflexionar, advierte y practica la ensayista, discurre sin separarse de la escritura, el pensar y el escribir como si fuera esa deidad romana con dos rostros y una cabeza, Jano, que veía a lados opuestos al mismo tiempo.
Tenembaum escribe como mujer y como individuo no solo como marcas de identidad sino de convicción: convencida de ser una mujer, que vive de la pluma, que participa en los debates del feminismo del pasado y del ahora —el título del libro es, claro, un juego con Virginia Woolf “como pared de frontón”—, que participa en la actividad política, que habita, pues, un mundo marcado por las desigualdades de diversa índole y en el que, a pesar de los esfuerzos, la ultraderecha se impuso culturalmente, lamenta.
Nos recuerda Tenembaum la tesis principal de Un cuarto propio, el libro casi centenario de Virginia Woolf, desde un cuestionamiento sencillo: ¿qué necesita (en 1929) una mujer para poder dedicarse a la literatura? Un espacio propio y dinero; algo se ha avanzado en la igualdad para las mujeres y algunas viven de su oficio o profesión y en algunos casos incluso logran que esto sea en algo que les gusta.
Resumido así, espacio y dinero, parece un argumento prosaico, pero la cuestión no era, ni lo es en estos días, de ninguna manera así; implica tener libertad para elegir y contar con condiciones para que no se pierdan ni elección ni libertad.
Se vuelve aún más interesante cuando ese cuarto y ese dinero se obtienen de un empleo que “robaría” tiempo a la dedicación literaria sobre la que reflexiona Woolf: “cuando sentís que tu tiempo no es tuyo da casi igual si se lo estás entregando a dios o al diablo”, apunta Tamara. Entonces el sentido puede invertirse y sería la vocación la que robaría tiempo al trabajo.
Sé y asumo que varios lo sabemos que las desigualdades que aún sufren las mujeres en nuestra sociedad, en nuestro tiempo, no se reducen con una opinión, personal ni colectiva, y que la verdadera acción para que ello ocurra se encuentra, como dice Tamara Tenenbaum, fuera del arte, de la literatura, y a medida que se distancian, en tanto arte y acción social, se vuelven más efectivos en sus extremos.
Se trata, sigo, de sostener la opinión en los momentos importantes, cuando debemos aplicar con consciencia o vigilar las maneras en que nos comportamos, en que son observadas muchas veces vigiladas las mujeres.
Aquí, además de la lectura de Un millón de cuartos propios, sugiero y recuerdo que la lectura nos lleva como individuos a un punto de interés que debe ser colectivo.