En 2027 se procesará en Zacatecas la sucesión del poder gubernamental número 15, en la etapa histórica de los gobiernos con estabilidad sexenal iniciada en 1944, de Leobardo Reynoso, a la fecha. En víspera de la pasada visita al estado de Claudia Sheinbaum, prensa de la Presidencia de la República distribuyó en redes una fotografía que daba cuenta de un importante encuentro entre la jefa de la Nación y Alfonso Ramírez, en Palacio Nacional, que causó incomodidad en ciertos actores políticos
La sucesión 2027, la presidenta Claudia y el factor Ramírez Cuéllar
En la ruta del cuarto informe de David Monreal se han acelerado los motores de la sucesión 2027 en Zacatecas y en esta coyuntura se ha consolidado la hegemonía de la presidenta Claudia Sheinbaum, como emergente fiel de la balanza y “factótum” que será determinante en la definición de las nuevas relaciones de poder en todas las entidades de la República, incluyendo la nuestra.
En 2027 se procesará en Zacatecas la sucesión del poder gubernamental número 15, en la etapa histórica de los gobiernos con estabilidad sexenal iniciada en 1944, de Leobardo Reynoso, a la fecha.
En todas las anteriores 14 sucesiones gubernamental en nuestra entidad, se ha hecho presente invariablemente la enorme influencia del poder central del gobierno de la República. Pensar lo contrario es pecar de ingenuo.
Por lo pronto, en su más reciente gira de trabajo por la entidad, la presidenta Claudia lanzó un mensaje no cifrado, sino contundente, abierto y relativo: el diputado Alfonso Ramírez Cuéllar se ha constituido, no solo en Zacatecas, sino en el país, como uno de sus principales interlocutores con las diversas fuerzas de la Nación.
En víspera de la pasada visita a Zacatecas de la doctora Sheinbaum, prensa de la Presidencia de la República distribuyó en redes una fotografía que daba cuenta de un importante encuentro entre la jefa de la Nación y Alfonso Ramírez en Palacio Nacional, que causó incomodidad en ciertos actores políticos. Algunos sintieron fuerte resfriado y que el alma se les caía a los pies, como sus mismas aspiraciones futuristas.
Lo que pocos conocen es que Ramírez Cuéllar está respaldado por una trayectoria política de casi cuatro décadas, siempre construyendo en la cercanía de la actual presidenta de México.
Alfonso Ramírez no solamente es un legislador federal de absoluta confianza de la doctora Sheinbaum. Es también un personaje al que se le consulta constantemente sobre asuntos fundamentales de la vida del país. Pero más allá de eso, es un político disciplinado y leal a los designios de la jefa de la Nación, quien goza, además, como pocos, de su aprecio y respeto.
Las sucesiones del poder en Zacatecas han estado marcadas por innumerables variables que escapan al control de las fuerzas políticas locales, que solo los ciegos y miopes no ven. Y ante eso, tienen que pagar posteriormente dolorosas consecuencias. Hay muchos ejemplos de ello.
En 1974, en una cargada impresionante, todas las fuerzas se habían alineado en el ámbito local a la candidatura del extraordinario zacatecano Luis Contreras Serrano. Todo parecía que la definición vendría por ahí. Pero no.
El entonces secretario de la Defensa Nacional, Hermenegildo Cuenca, solicitó la candidatura para su amigo Fernando Pámanes y el presidente Luis Echeverria la concedió. Con eso, se gestaron cambios radicales en nuestro estado.
En 1986 llegó de manera disruptiva a la gubernatura de Zacatecas el entonces muy joven Genaro Borrego, apoyado incondicionalmente y con todo el poder por el presidente De la Madrid.
Seis años después, en 1992, arribó al gobierno de la entidad el ideólogo del movimiento obrero mexicano, Arturo Romo, respaldado por Fidel Velázquez y el aval de Salinas de Gortari.
El 2004 estuvo para ripley: Ricardo Monreal quiso imponer sucesor y la realidad de la nueva correlación de fuerzas le arrolló por soberbia. Y entonces llega al gobierno Amalia García Medina.
Esta experiencia de 2004 documenta que nunca una estructura patrimonialista de mafias y familias locales podrán competirle, jamás, a la superestructura del gobierno de la República y del Estado Mexicano.
La sucesión y el beso del diablo
En 1980 estaba predestinado para ser el candidato al gobierno de Zacatecas, el senador Gabriel García Rojas. Pero tuvo la insensatez e imprudencia de acudir con el ex presidente Luis Echeverría a solicitarle su apoyo. Se cayó estrepitosamente su candidatura, por “el beso del diablo”. Así se llamó a este capítulo político.
Y entonces el presidente José López Portillo avaló la candidatura de José Guadalupe Cervantes Corona, quien se convirtió a la postre en un gobernante sabio y ejemplar.
En 2027, los aspirantes tendrán que evitar, “el beso del diablo”, para no resultar derrotados anticipadamente.
