ZACATECAS. Una vez más la violencia invadió una liga municipal de futbol en el estado. Ocurrió durante el final del duelo por el título, donde “una trifulca se robó todo el protagonismo, dejando una imagen de dolor, angustia y furia” en las canchas.
Este episodio reprobable confirma lo que se ha venido denunciando: el deporte espectáculo sin educación deportiva genera monstruos, no atletas.
Los espectáculos grandilocuentes y las ligas deportivas mal reguladas se han convertido en incubadoras de violencia porque priorizan el resultado sobre la formación integral. Mientras se invierten millones en eventos futbolísticos de tres días, la verdadera educación deportiva –que se construye en las clases de Educación Física– permanece abandonada y desvalorizada.
La educación deportiva real no ocurre en estadios llenos de euforia descontrolada, sino en las canchas o en patios escolares donde se enseñan valores fundamentales: respeto, empatía, autocontrol y trabajo en equipo.
Es en esas clases de Educación Física donde se forma el carácter deportivo, no en las finales violentas que manchan el deporte zacatecano.
La diferencia es abismal: la Educación Física forma personas integrales y coadyuva en el desarrollo de habilidades y destrezas motrices; los espectáculos mal organizados crean fanáticos dispuestos a la violencia por un resultado.
NO ES UNA CASUALIDAD
Los incidentes constantes en el futbol estatal no son casuales, son el producto predecible de un sistema que confunde entretenimiento con formación deportiva.
Mientras se siga privilegiando el circo deportivo sobre la Educación Física, continuaremos cosechando violencia en lugar de personas ejemplares. La solución no está en más espectáculos, sino en fortalecer la educación deportiva desde la base escolar.
Zacatecas necesita menos finales violentas y más clases de Educación Física de calidad. Solo así formaremos una cultura deportiva basada en valores, no en la barbarie que presenciamos constantemente en espacios deportivos.
