Leer en la era del scroll: cómo la tecnología reescribió al lector. Parte II
Como podrás recordar, en mi colaboración anterior inicié el abordaje de un tema a propósito del Día del Lector, celebrado el 24 de agosto. Me refiero a cómo la tecnología ha reconfigurado profundamente nuestros hábitos de lectura, propiciando cambios que van desde lo más sencillo, como el formato en el que disfrutamos de un buen libro, hasta otros aspectos de mayor profundidad, como los cambios en la comprensión lectora.
También hablé acerca de las personas apasionadas por la lectura y cómo muchas de ellas dejaron un legado importante en nuestras vidas, entre ellas quiero mencionar a un amigo y colega economista, quien dedicó gran parte del tiempo que estuvo sobre esta Tierra a promover la lectura (partió en noviembre de 2024). Lo hizo con tal entrega que era imposible no amar los libros también a través y gracias a él, me refiero al maestro Eduardo Campech Miranda.
Lo conocí en la Biblioteca Mauricio Magdaleno, durante el tiempo en que ésta se ubicaba frente al jardín Independencia en el Centro Histórico de Zacatecas; posteriormente coincidimos en los círculos de lectura que realizaba en diversas instituciones.
En los últimos años, apoyado por la tecnología, llevó estos círculos de lectura al WhatsApp, donde cada noche compartía su lectura con quienes conformábamos el grupo “Para antes de dormir”. Había más que magia en su manera de transmitir lo que aquellos autores habían plasmado en sus novelas, lograba que conectáramos emocionalmente con los textos, nos transportaba a lugares y épocas lejanas, y de esa manera vivimos cada historia como si fuésemos parte de ella, solamente con su voz.
Aún conservo esos audios y vuelvo a ellos para recordarlo haciendo lo que tanto amaba. Siempre vamos a extrañarlo y acordarnos de él con gran cariño, gratitud y admiración, es por eso que me alegra profundamente que se le haya rendido un homenaje en el marco de la Feria Nacional del Libro en Zacatecas (Fenaliz) 2025. Gracias maestro Campech.
Ahora sí retomo la idea inicial acerca de cómo se han registrado cambios en diversos ámbitos a partir de la digitalización de los libros.
La primera afirmación es que la lectura digital puede afectar la capacidad de concentración y retención.
Investigadores como Maryanne Wolf, profesora en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), donde dirige el Centro para la Dislexia, Estudiantes Diversos y Justicia Social y quien ha trabajado extensamente en el estudio del cerebro lector, la dislexia y el desarrollo del lenguaje, ha documentado cómo el cerebro se adapta a la lectura en pantallas, lo que puede reducir la profundidad de procesamiento.
Wolf sostiene que la lectura profunda —aquella que permite la reflexión, la empatía y el pensamiento crítico— está en riesgo debido a los hábitos digitales que promueven una lectura más superficial y fragmentada (www.39ymas.com).
En su libro Lector, vuelve a casa, afronta sus preocupaciones y esperanzas sobre la manera en que nos relacionamos con el lenguaje y asume que incluso los lectores de toda la vida están cambiando sus hábitos y, tras una prolongada exposición a la lectura en pantallas, ven alterada su capacidad de concentración cuando vuelven al libro tradicional (Bertrán, 2020).
Su trabajo es una llamada de atención para preservar las capacidades cognitivas esenciales en la era digital.
La segunda afirmación se asocia con la lectura superficial vs la profunda: el entorno digital favorece a la lectura rápida, fragmentada y multitarea, lo que puede limitar la reflexión crítica y la conexión emocional con los textos (lecturaagil.com).
De acuerdo con Wolf, la llegada de estas nuevas herramientas digitales ha afectado nuestra habilidad conocida como “paciencia cognitiva”, es decir, el poder de la capacidad de concentrarnos en tareas más complejas por mucho más tiempo.
La otra cara de la moneda y desde un enfoque social y cultural, la lectura digital ha contribuido a una mayor accesibilidad y democratización, puesto que ha permitido a más personas tener a su alcance contenidos antes inaccesibles por razones económicas o geográficas.
Ha dado lugar a nuevas formas de leer, desde audiolibros hasta lecturas en redes sociales, el concepto de “leer” se ha expandido más allá del texto tradicional.
En el campo de la educación, las tecnologías también son utilizadas para la enseñanza de la lectura, a partir de plataformas de tutoría inteligente que adaptan el contenido a cada estudiante.
Ante todo esto, solamente quiero dejar para la reflexión las siguientes interrogantes: ¿Será que estamos perdiendo algo esencial al dejar atrás el papel? ¿Cómo podemos equilibrar la lectura digital con prácticas que fomenten la concentración y el pensamiento crítico? Y ante todo, ¿qué papel deben jugar las escuelas y bibliotecas en esta transformación?
Cuéntame tu opinión.
Nos leemos pronto.
