De las universidades, sus conflictos y la sensibilidad de dirigentes en el marco de la autonomía
En lo que va de este año, distintas entidades de educación superior en nuestro país se han visto inmersas en momentos complejos derivados de diferentes conflictos relacionados con problemas económicos, diferencias entre sus integrantes -autoridades, sindicatos y alumnos- o situaciones de violencia al interior de sus instalaciones o comportamientos personales que infringen normatividades. El punto es que se han desatado distintos tipos de conflictos al interior de ellas que repercuten en la sociedad.
Las universidades, por definición, representan un universo de pensamiento. Confluyen distintas expresiones en el marco del respeto, y de la generación y propagación de conocimiento.
En un texto publicado por ANUIES (la asociación que aglutina a las entidades de educación superior de este país) hay una conclusión muy interesante respecto de la universidad, aporte de Oscar González: “Las universidades han cambiado notablemente desde que se fundaron en la Edad Media hasta nuestros días. Se han transformado, de pequeñas comunidades de profesores y alumnos, a organizaciones complejas que realizan variadas funciones y en las que conviven grupos con intereses diversos.
Por eso, el Concepto de Universidad ha sido dinámico, y probablemente lo seguirá siendo. Sin embargo, los valores y los principios de los miembros de la Universidad, las virtudes de las personas y de los estudios son permanentes. Y el deber de los universitarios es luchar porque prevalezcan sobre presiones y problemas circunstanciales.
Así se preservará la Universidad como una institución seria y respetable, a la que la sociedad recurrirá, como hasta ahora, con confianza y seguridad, porque sabe que uno de sus principios es servirla con honestidad y desinterés. Qué actividad más noble y gratificante que construir una Universidad. Y la Universidad se construye, día a día, con el trabajo de todos sus hijos”.
Así pues, los valores que se representan en una universidad deben de ser conocidos, entendidos y aprendidos por sus integrantes. Y esos deben prevalecer en razón de las mayorías y no de intereses individuales. Es ampliamente conocido que, en diferentes momentos, grupos de poder y grupos de presión han utilizado estrategias de violencia y de coerción institucional para forzar que las circunstancias de una entidad universitaria se acomoden a sus intereses.
De ahí que exista la sensibilidad en los dirigentes, desde quienes ejercen cargos como ser rector hasta quienes dirigen grupos de estudio o cátedras para que, en unidad, se defiendan la autonomía universitaria y la libertad de cátedra para que estas sean la base de la vanguardia con la que deben mostrarse las universidades frente a sus comunidades, pero sobre todo frente a los gobiernos y la sociedad. como también señala González sobre esos conceptos, “La autonomía universitaria, junto con la libertad académica, son condiciones para el ejercicio de la primera virtud intelectual: la libertad de indagación.
“Es además uno de los logros más apreciados de las universidades latinoamericanas. Faculta a las universidades a definir sus programas académicos, a solicitar a su personal y a gobernarse por sí mismas”.
Gobernarse a sí mismas requiere entonces de tener sensibilidad y pulso respecto de lo que la comunidad requiere, ya sea como demanda o exigencia, ya sea como prospectiva. No se puede tener oídos sordos y aparecerse encapsulados dentro de élites universitarias, pero sobre todo, permaneciendo impávidos o sujetos a la voluntad de grupos o personajes que han manipulado esferas universitarias anteponiendo sus intereses y no los de la propia universidad. En algún punto hay que romper esquemas arcaicos y abanderar las justas exigencias de la comunidad para estar del lado correcto de la historia, basado en la perspectiva de la función crítica de la universidad.
Finalizo con esta reflexión que aporta el propio González precisamente sobre la función crítica de la Universidad: “Se ha insistido en muchas ocasiones que la Universidad desempeña un papel muy importante en la sociedad como conciencia crítica de la misma.
Su autonomía y la libertad académica le permiten desempeñar este papel, más ahora que las democracias se han consolidado en la mayoría de los países del mundo. Sin embargo, considero que todavía es válida la apreciación que hiciera Latapí en 1978 sobre el ejercicio de la función crítica en la universidad latinoamericana, al señalar que han predominado las expresiones políticas e ideológicas sobre otras que pudieran ser a la larga, más orgánicas y efectivas (Latapí, 1978, p.612).
Desde luego que la crítica de la Universidad será tomada en cuenta en la medida en que se fundamente en un trabajo académico serio y comprometido”.
Así que lo que las universidades aporten, con la base científica y el compromiso institucional de sus integrantes, tendrá un gran efecto social. Como se resuelvan conflictos internos podrá volverse ejemplo al exterior.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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