No tengamos memoria hueca
Repetimos el pasado. Escucho en defensa para frenar las políticas de la 4T a jóvenes y algunos madurones, que ya no volteemos al pasado.
No saben filosofía e historia fundamental, menos podrán hacer análisis de lo que no debemos hacer.
La profunda frase del filósofo español George Santayana que dice: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. Aparece en su primer libro The Life of Reason (La vida de la razón), publicado entre 1905 a 1906.
Por eso, transitamos en nuestra evolución desde nuestra aparición en la superficie de la Tierra hasta nuestra actualidad. Nuestra supervivencia está apegada a esta profunda frase.
Los movimientos sociales han nacido por aquellas grandes desigualdades sociales en el mundo, el capitalismo nace por la explotación del hombre por el hombre, el socialismo para defender el derecho de los trabajadores a una vida digna, estas ideologías estarán constantemente en revolución para equilibra a la civilización.
Los que somos de esas generaciones de la posguerra (nacidos entre los años 50 y 60) vimos a un país que parecía ir al desarrollo, hasta se le llamó “El desarrollo estabilizador” o “El Milagro Mexicano”, pues llegábamos a crecer en ese misterioso PIB en un 6 por ciento en 12 años.
La pobreza en la que vivimos, porque a muchos de nosotros nos tocó vivirla (aunque no aquella extrema, gracias a políticas sociales como: educación gratuita de buen nivel, la creación de los organismos de salud de calidad como el IMSS y las luchas por condiciones de trabajo justas que mejoraron levemente los salarios) empezaba a abatirse.
Sin embargo, las libertades para exigir mejores condiciones de vida fueron sofocadas con violencia como la del movimiento ferrocarrilero en México de 1958-1959, encabezado por Demetrio Vallejo y Valentín Campa, que exigían mejoras salariales, condiciones laborales y la autonomía sindical frente al gobierno. El movimiento fue violentamente reprimido por el presidente Adolfo López Mateos, resultando en el despido de miles de trabajadores y el encarcelamiento de sus líderes.
La de los médicos, la Comisión Nacional de Derechos humanos señala: “En otoño de 1964, 75 estudiantes de medicina y cien residentes del Hospital 20 de noviembre del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), en la Ciudad de México, no recibieron los tres meses de aguinaldo que se les debía dar por contrato, sumándose esto a una situación de inseguridad económica y laboral que culminó en el primer movimiento en México”.
“La Asociación Mexicana de Médicos Residentes e Internos no únicamente hizo visible la necesidad de planificar la unión de los trabajadores del sector salud a nivel nacional. También tuvo alcances disciplinarios como la necesidad de fomentar que las universidades, en su labor de formación de profesionales de la salud, generaran los recursos humanos con la calidad que el país requiere y, de esta manera, evitar crisis de sobreproducción o déficit”.
Después de estos represores presidentes, no terminó la violencia del estado en contra de la población, no importaba que fueran niños, adolescentes o mujeres, el priísta Díaz Ordaz, vinculado a la Inteligencia americana (CIA), emprendió la represión contra estudiantes de mi escuela la vocacional 2, con violencia atacaron a los estudiantes y desaparecieron a más de 20 de ellos, por una riña insignificante.
Fue el detonador de la represión injustificada de más de 20 años contra la población mexicana con regentes como Ernesto Uruchurtu y Corona del Rosal. Se sumaron al movimiento iniciado en julio de 1968 por el Politécnico, las escuelas de la UNAM y universidades como la de Nuevo León, Sinaloa, Zacatecas, entre otras.
La concentración de Tlatelolco, según versiones de integrantes del Comité Nacional de Huelga, tenía como objetivo presentar las propuestas del gobierno que habían sido presentadas con representantes como Jorge de la Vega Domínguez.
Fue un engaño y la masacre del gobierno priista de Díaz Ordaz terminó con la vida de cientos de estudiantes y entre ellos también padres de familia y trabajadores.
La narración de una compañera, Myrthokleia González, estudiante del IPN es muy objetiva: “Dieron las seis de la tarde; empecé a hablar y a mencionar al primer orador que fue Florencio López Osuna. Él expuso su tema y al terminar iba a mencionar al segundo, cuando empiezan a pasar los helicópteros y el primero echa una luz verde. Fue cuando se soltó la balacera, entonces los compañeros me decían, ‘diles que no corran que son de salva’, nada, eran muy reales.”
Por tal motivo, al olvidar la historia, ésta pueda repetirse. No tengamos memoria hueca.
