En qué sueñan los alacranes
El promedio de vida de un alacrán varía entre los tres y los ocho años. En ese lapso estos animalitos tienen que salir a enfrentarse a una realidad preexistente y descubrir cuál es su papel en el mundo. A partir de un par de semanas de su nacimiento, la madre les empieza a proveer algunos bichillos pequeños para que comiencen a saber cómo subsistir jugando con su comida.
Ese mito de que los alacrancitos se comen a su madre ha sido muy popularizado por los que suelen popularizar mitos haciendo paralelismos con sus propias conductas. En las fábulas, los animales sustituyen a los humanos para ejemplificarlos indirectamente. Los alacranes, de otra manera, no tendrían mucho parecido con los seres más pensantes.
Una vez que los escorpioncillos comienzan a cazar, su piel se va volviendo más gruesa y sus sueños pueden ampliarse a cazar bichos más grandes, incluso, una vez alcanzada la madurez, consiguen cazar pequeños roedores.
Los alacranes no tienen nada que hacer además de cazar, reproducirse y defenderse. Sobrevivir es no perecer en el intento por ser alacrán y conseguir hacer eso que también hace el resto de todo lo que tiene vida, permanecer vivo el mayor tiempo posible.
Los alacranes pueden reproducirse desde muy jóvenes porque no es necesaria su total madurez para traer otros alacrancitos al mundo. Los pocos alacranes que no se reproducen, mueren viejos y solos en cualquier esquina polvorienta.
Para vivir, a los alacranes les gustan los lugares cómodos, húmedos y oscuros. Estos bichos son sedentarios, eligen un lugarcito adecuado en el que pasan una buena parte de su vida y solo salen a cazar para que no falte el sustento en su hogar. Regularmente, son animalitos nocturnos, por lo que, de día, cuando el resto del mundo medianamente funciona, ellos se quedan muy quietos descansando un poco de su agotadora jornada.
Técnicamente, los alacranes no duermen ni hay evidencia científica de que sueñen, pero si lo hicieran, quizás sueñen que son mascotas de alguien parecido a dios que los provee artificialmente de todo, o tal vez tengan pesadillas con una terrible mano gigante que todo intenta controlar. Serían tal vez sueños modestos, pero quizás más prácticos que los de otros animales soñantes.
En épocas de calor aumenta su actividad y salen de sus agujeros a vacacionar un poco. Qué desafortunados los alacranes que se estén relajando en verano y sean apachurrados por un egoísta zapato que no guste compartir mundo con otras especies. Los alacranes son considerados una especie más bien fea, terrorífica y temible, aunque los pobres nunca se hayan enterado.
A los alacranes también se les asocia con el signo zodiacal de quienes nacen entre octubre y noviembre. Los nacidos bajo ese signo son intensos, apasionados y profundamente emocionales como probablemente podría ser cualquiera que se identifique como escorpión, aunque astrológicamente no sea.
Los arácnidos suelen ser muy solitarios quizás porque les guste tener siempre la razón o quizás nomás porque socializar entre alacranes requiera también originalidad e hipocresía, pero también puede que no.
A diferencia de otros animales, los alacranes no forman grupos para defenderse o echar cotorreo, tampoco forman partidos políticos, sindicatos ni cuerpos académicos que les garanticen acceder a beneficios exclusivos de alacranes privilegiados.
En realidad, a estos bichos no les interesa mucho más que alimento, reproducción y refugio. Tal vez al resto de criaturas tampoco, pero las más inteligentes se inventan cosas para no lucir tanto como animales. Los alacranes se pelean entre ellos por territorio, comida y apareamiento, exactamente igual que los animales que escriben fábulas, popularizan mitos y sí son inteligentes. Cuando hay muchos alacranes se les considera plaga y se les envenena porque eso de andar sobrepoblando el mundo es algo demasiado animal.
En situaciones desesperadas el alacrán puede recurrir a picarse a sí mismo, lo cual es una consecuencia de no tener escapatoria. Sin embargo, son inmunes a su propio veneno por lo que irónicamente más que un suicidio, es más bien un mecanismo defensivo. Los alacranes aparecieron mucho antes que los humanos y en una de ésas vayan a seguir después, sin necesidad de inteligencia, romanticismo ni organización social. Por lo pronto, ahí siguen debajo de las piedras escondidos, sobreviviendo sin saber de su existencia y sin soñar con la razón, viviendo poquito, nomás entre tres y ocho años.
