Periódico es la clave
El lunes 31 de octubre de 1910, Francisco I. Madero suscribió seis cartas. Así lo muestra el libro copiador del emisor. La primera de ese día es breve. Son cuatro párrafos. El texto lo dirigió al licenciado J. Guadalupe González. De los párrafos, dos corresponden a la retórica de la correspondencia decimonónica: “recibí con positivo interés, el estado de ánimo de esos rumbos… Sin otro particular, quedo como siempre su amigo que lo aprecia mucho”.
El segundo párrafo contiene la información crucial para los actores de ese acto de comunicación: “tengo el gusto de participarle que el sábado 19 del entrante (noviembre) saldrá a la luz el periódico por el cual me pregunta usted, y espero que por todas esas poblaciones procuren conseguir bastantes subscripciones. A usted le hemos dado la agencia para ese estado. Por otro conducto recibirá el documento que lo acredita como tal, para que pueda representar a nuestro periódico en todo y para todo”.
Sin ser un zahorí, el párrafo contiene los datos que anuncian el levantamiento armado: periódico es la revuelta. La agencia significa que el abogado zacatecano es designado jefe de revolucionario para la entidad. La acreditación remite al Plan de San Luis, documento que redactó sustancial e inicialmente Madero.
El tercer párrafo son 16 palabras. Escuetas y exhortativas. No hay ahí la contundencia de un liderazgo fuerte: “lamento las persecuciones de que han sido víctimas los correligionarios de esa, pero espero pronto terminarán”.
La carta fue remitida al domicilio de González, en Juchipila. El mensaje es el primer escrito en ese tenor. Lo generó el hecho de que González es uno de los pocos dirigentes regionales que no acudieron donde Madero: al hotel Hutchins (Garden Street, número 205), de San Antonio, Texas.
Roque Estrada, el paisano de González acompañó a Madero ese lunes. Lo colaboró como testigo en documentos que pedían el traspaso de acciones de empresas mineras. Esto muestra que el positivista Roque y el liberal González siguen adictos a la causa maderista. Pero no son, todavía, los revolucionarios zacatecanos.
PRE-REVOLUCIONARIOS
Para el miércoles 9 de noviembre de 1910, en el estado de Zacatecas no hay hombres armados. Pero sí existen múltiples configuraciones que fomentan la disidencia política.
Por ejemplo, en Villa de Cos, Fresnillo y El Carro (ahora Villa González Ortega), viven disidentes religiosos que han consolidado comunidades de lectores modernos. En esos centros mineros se reciben impresos de anarquistas y los venden liberales ateos foráneos.
En Pinos, Fresnillo, la capital del estado, Nieves y Sombrerete, están asentados masones que replican a la determinista salvación del alma. En el sur de Tlaltenango, al norte de Sombrerete, al oriente de Valparaíso y al poniente de Pinos están registrados propietarios de parcelas medianas que son ahogados por el sistema impositivo del régimen.
En la ciudad de Zacatecas, los católicos están hartos de la exclusión; y, los liberales radicales pregonan que la Reforma fue clausurada por el gobierno estatal.
Aunque en cada comunidad hay un grupo de ciudadanos que logra mover los asientos de los ayuntamientos y los consejos comunitarios, ningún ascenso permite ir a la capital del estado. Allí todo, absolutamente todo, está monopolizado. Están los mismos de siempre. Y esto es un síntoma explícito de que se agotó el sistema político y de que la gobernabilidad configura un polvorón mal cocido a punto de tronarse.
Entonces, ¿dónde están los que serán los revolucionarios? La respuesta es simple: cada uno está bajo la rueda del régimen. José Luis Moya Regis, concuño del ex gobernador Jesús Aréchiga, vive en Chihuahua como comerciante y minero. Es muy amigo de Abraham González, el dirigente antirreeleccionista de ese estado.
Antonio y Joaquín Amaro, padre e hijo, viven en la hacienda de Corrales. Los Amaro son campesinos y se les reconoce como líderes. Pánfilo Natera labora en el campo. Manuel Caloca es dueño de un rancho en la municipalidad de García de la Cadena. Él es el candidato antirreeleccionista permanente para presidente municipal en el Teul. Fernando Cabral es administrador de una empresa en la ciudad de Zacatecas.
Luis J. Zalce, es un hidalguense que labora para la compañía de máquinas Singer. Eulalio Gutiérrez, quizá el único involucrado en el levantamiento armado de noviembre, labora en la explotación de vetas mineras en Concepción del Oro. Por cierto, las concesiones argentíferas las autorizaba el padre del ahora santo católico Miguel Agustín Pro Juárez.
POSDATA
Con gusto he leído las reseñas sobre la exposición Sadopitna (Centro Cultural de España en México). Exponen Citlali Córdova y Natalia Álvarez Calderón. A ambas las sigo, tienen ruta artística in crecendo.
