Deficiencia ficción. Informe 492
Corría el último mes de 2025 cuando el viajero descendió de su nave en aquel páramo semidesértico correspondiente al universo 492. La tarde era fría y seca, y el cielo mostraba un azul que hasta entonces solo había conocido en recreaciones virtuales remasterizadas.
Antes de cualquier registro, debía camuflarse entre la multitud para que nadie notara su visita. Su misión principal consistía en observar el comportamiento de la gente y reunir indicios que permitieran comprender las causas del colapso. Caminó hasta donde comenzaba la urbanidad y dio inicio al registro de todo lo que le parecía digno de atención.
Un tumulto se agolpaba en los límites de la avenida principal, expectante. Sonidos guturales y silbidos marcaban la impaciencia previa al evento. A lo lejos, tras la loma, apareció el primer grupo de habitantes, disfrazados de personajes bíblicos y figuras míticas sin distinción de jerarquías.
La ansiedad se transformó en aplausos cuando el desfile avanzó por el centro de la calle, flanqueado por asientos lujosos ocupados por sonrientes celebridades quienes parecían ejercer alguna forma de autoridad. Los habitantes, registró el viajero, disfrutan solo con contemplar luces, adornos y espectáculos; por un momento, parecen prescindir del presente.
Al concluir el evento, el viajero se internó en un espacio destinado a la charla, un lugar que, curiosamente, parecía invisibilizar a los habitantes entre sí. Actuó del mismo modo. Muchos consultaban arcaicos dispositivos desde la palma de la mano, gesticulando como si compartieran la presencia de otros.
Algunos más conversaban de forma convencional, sentados frente a recipientes con bebidas estimulantes o inhibidoras que les permitían sostener el hilo de la plática. Las relaciones sociales se han vuelto en gran medida virtuales y herméticas, incluso cuando se comparte el mismo espacio, anotó.
Más adelante, se dirigió a lo que lucía como un recinto sagrado que, al parecer, había caído en desuso y se encontraba vacío. Afuera, varias carpas improvisadas albergaban a un grupo protestaba, deteniendo el tránsito de vetustos automóviles. Pancartas con consignas se alzaban frente a un edificio oscuro, sin nadie dentro que pudiera enterarse de las exigencias.
En este tiempo, las protestas sociales se dirigen más a los transeúntes, mientras las autoridades se confunden con celebridades y permanecen cómodas e inmunes en otros sitios, consignó el viajero en sus apuntes.
Durante el trayecto, decidió poner en práctica el antiguo idioma que había aprendido. Procuró intercambiar palabras que no alteraran el futuro por efecto mariposa.
—¿Me podría decir cuáles son los principales problemas de la ciudad? —preguntó a una transeúnte.
—¿Para cuál canal de TikTok es? —respondió ella.
El viajero no supo qué contestar y disimuló con una sonrisa. La mujer habló entonces del agua, de las carreteras, de los límites entre religión y política; mencionó la inseguridad, los derechos del magisterio y cerró con un par de insultos dirigidos a los políticos, antes de enviar saludos que no llegarían a ningún destino. Después de agradecer, el visitante anotó: esta sociedad puede convertirlo todo en queja o espectáculo.
La noche había caído y el frío seco golpeaba la piel. El viajero regresó a la nave con un adorno en forma de pollito sobre la cabeza y algunas hipótesis sobre las causas del cataclismo. Sin embargo, pese a su preparación, no logró deducir la longevidad de aquel sistema social tan lleno de áreas de oportunidad.
Por un lado, la población adoptaba un discurso molesto y reaccionario; por otro, dedicaba su tiempo a actividades oficiales tan ambiguas y estériles que parecían disfrutarse. Finalmente, abandonó el oscuro páramo semidesértico.
El informe quedó así: El universo 492 da positivo en inmutabilidad debido al peculiar comportamiento de sus habitantes. Las relaciones sociales les siguen siendo necesarias, aunque innecesariamente físicas o empáticas. Existe una marcada tendencia a buscar culpables, pero, sobre todo, a encontrarlos y convertir cualquier cosa en espectáculos de fácil divulgación.
Los discursos populares se crean y adoptan mediante antiguos dispositivos digitales para luego ser reproducidos en charlas convencionales como opinión personal. Hay incongruencia en los datos. Sigue faltando información sobre las causas de la hecatombe. Se sugiere visita próxima en condiciones distintas.
