Sembrar identidad para cosechar legalidad
En la década de los 90, Leoluca Orlando, entonces alcalde de Palermo, Italia, acuñó una metáfora poderosa para explicar cómo una sociedad puede sanar de la violencia y la ilegalidad.
Orlando visualizaba la justicia y el desarrollo no como un ente abstracto, sino como una carreta siciliana que, para avanzar, necesita que giren simultáneamente cuatro ruedas: la de las instituciones, la de la economía, la de la sociedad civil y, la más importante para el largo plazo, la rueda de la cultura y la educación. Orlando nos enseñó que la “Cultura de la Legalidad” no es simplemente la obediencia ciega a las normas, sino la convicción interna de que la ley es el único camino para garantizar la libertad individual y el bien común. Y esa convicción no se decreta; se siembra.
Hoy, en Zacatecas, esa rueda de la cultura está girando con una estrategia renovada y necesaria, enfocada en el terreno más fértil que tenemos: las infancias. La colaboración reciente entre la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) y la Junta de Protección y Conservación de Monumentos y Zonas Típicas, a través del programa “Guardianes del Patrimonio”, es un ejemplo palpable de cómo se operacionalizan los principios de Orlando en nuestra realidad local.
A simple vista, podría parecer que la preservación de un edificio histórico y la procuración de justicia son carriles distintos. Sin embargo, bajo la óptica de la cultura de la legalidad, son inseparables. Cuando un niño o una niña se convierte en un “Guardián del Patrimonio”, no solo aprende a valorar una fachada o una plazuela; está aprendiendo a valorar “lo público”, aquello que nos pertenece a todos.
El principio es claro: quien aprende a respetar y proteger su historia, difícilmente atentará contra su comunidad en el futuro. Al inculcar en la niñez el amor por su entorno, estamos construyendo una barrera natural contra la violencia. Estamos diciéndoles que Zacatecas es su casa y que nadie destruye su propio hogar.
La Fiscalía entiende hoy que su labor no se limita a la reacción punitiva —la rueda de la institución—, sino que debe liderar también la prevención desde la raíz. Acercar a las niñas y niños a la legalidad a través del arte, la historia y el patrimonio es una forma brillante de desmitificar la justicia.
Les enseña que la ley no es solo una herramienta de castigo, sino un mecanismo de convivencia y protección de lo que amamos. La comprensión moderna del rol de la Fiscalía trasciende la mera reacción punitiva. Históricamente, la institución se ha percibido como una «rueda» que solo se activa después de que el delito ha ocurrido, enfocada exclusivamente en la investigación, persecución y castigo. Sin embargo, este enfoque reactivo es insuficiente para construir una sociedad segura y justa a largo plazo.
Hoy, la Fiscalía se erige como un actor clave en el liderazgo de la prevención desde la raíz. Esto implica un cambio de paradigma: pasar de ser una entidad exclusivamente dedicada al castigo a ser una promotora activa de la legalidad y la cultura de paz. Esta labor preventiva no se limita a campañas genéricas, sino que debe ser intencionada y dirigida a las generaciones futuras.
Una estrategia particularmente brillante para lograr este objetivo es el acercamiento de las niñas y niños a la legalidad a través de medios creativos y formativos, como el arte, la historia y el patrimonio cultural. Al utilizar estas herramientas: 1. Se desmitifica la justicia: Se rompe con la imagen de una justicia lejana, abstracta y solo asociada al castigo o la represión. Los niños entienden que la ley no es una amenaza, sino un marco que ordena y protege. 2. Se humaniza la institución: Al interactuar con la Fiscalía en contextos positivos (un museo, un taller de arte, una visita histórica), la percepción de la institución se vuelve más cercana y confiable.
3. Se enseña la función social de la ley: Se les imparte que la ley no es solo una herramienta de sanción o castigo, sino, fundamentalmente, un mecanismo de convivencia, respeto mutuo y, vitalmente, de protección de aquello que valoramos y amamos (nuestra familia, nuestra comunidad, nuestro entorno, nuestro patrimonio).
Integrar estos elementos en la educación temprana y en programas extracurriculares ayuda a sembrar las semillas de la ciudadanía responsable, asegurando que las futuras generaciones vean en la legalidad no una imposición, sino el cimiento indispensable para una sociedad próspera y equitativa.
La prevención a través de la cultura es, en esencia, la inversión más rentable de la justicia. Leoluca Orlando logró el “Renacimiento de Palermo” porque entendió que la batalla contra el crimen se gana en las aulas y en las plazas, recuperando el orgullo de pertenencia. En Zacatecas, programas como “Guardianes del Patrimonio” nos muestran que estamos empujando la carreta en la dirección correcta.
Invertir en la niñez, dotándolos de una identidad sólida y un respeto profundo por su entorno, es la garantía de que el día de mañana no necesitaremos perseguir delitos, porque habremos formado ciudadanos incapaces de cometerlos. Esa es la verdadera victoria de la cultura de la legalidad.
*Columna colectiva de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE)
**Director General de Desarrollo y Evaluación de la FGJE
