La geopolítica nacional e internacional
En lo venidero, parece difícil dejar de tener “un ojo al gato y otro al garabato” a partir de lo sucedido en Venezuela en cuanto a dos aspectos: primero, que la “condena internacional” que haga un país no puede quedarse en un “ser candil de la calle y oscuridad de la casa”. En segundo lugar, estar atentos al desempeño de Estados Unidos de América en Venezuela para entender la política internacional que se puede desarrollar durante este 2026 (por lo menos), bajo la administración de Donald Trump.
El inicio de este 2026 ha sido, por decir lo menos, bastante movido en términos de hechos internacionales que pusieron en la mesa de las discusiones el rol o papel que debe jugar México hacia el exterior y, con ello, lo que deberíamos tener o practicar como país al interior. Particularmente el amplio debate que sigue en boga respecto de las acciones militares de Estados Unidos en Venezuela ha abierto un debate en torno a la relación entre Estados nación que, ineludiblemente, generan reacomodos en la geopolítica.
Pero antes, situémonos en el entendimiento de un concepto particular que es el eje de esta colaboración: la geopolítica.
Por ella, según la universidad en Internet, es “una rama del conocimiento que pretende definir en qué medida la geografía física y humana influye en las decisiones vinculadas a la política internacional”.
Además, en el mismo sitio en la red se señala que “Los elementos que vertebran la geopolítica son aquellos que explican la razón de ser de este ámbito del conocimiento. En concreto, la geopolítica se caracteriza por: Implicar un estudio completo de la geografía humana y física de los diferentes Estados, así como de la manera en la que ello ha impactado en sus decisiones políticas; Requerir de un análisis del comportamiento de los actores internacionales y la manera en la que su política exterior se ve influenciada por causas geopolíticas; Aceptar que un dominio pleno de esta materia exige el estudio de diversas disciplinas relacionadas con la geografía y la política, como es el caso de la historia o la economía”.
Con eso en consideración, desde las nociones básicas que tenemos de geografía en el ámbito escolar entendemos que el país más “cercano” de México es Estados Unidos de América (EUA), una potencia militar, económica y hasta poblacional del mundo.
De ahí que la situación de nuestro país tenga una serie de particularidades en relación con la unión americana, tales como la historia respecto del concepto de “Norteamérica”, o bien, el crecimiento geográfico del Estado nación estadounidense a partir de la fragmentación del territorio mexicano durante el siglo XIX, o la relación económica-comercial de la actualidad o bien, los millones de mexicanos de primera, segunda y tercera generación que gracias a su desempeño laboral en distintos estados que integran el país vecino, han hecho que sus familias subsistan, y tantas cosas más.
Es así que esa “cercanía” y esas “particularidades” de la relación con EUA nos ponen en una situación en que, como país, los distintos actores políticos, económicos y sociales asumen una posición radical -afín, defensora a ultranza; o bien, contraria, condenadora a rajatabla- respecto del juego de la política internacional que manejan los americanos y, de ello, lo que pasa en un país como México, con una zona norte más atenta a lo que pasa en los estados sureños de la Unión Americana que a lo que pasa en el centro o sur de nuestro país.
De ahí que, en lo venidero, parece difícil dejar de tener “un ojo al gato y otro al garabato” a partir de lo sucedido en Venezuela en cuanto a dos aspectos: primero, que la “condena internacional” que haga un país no puede quedarse en un “ser candil de la calle y oscuridad de la casa”, entendiendo que debemos estar atentos a la congruencia del actuar de los países; en segundo lugar, estar atentos al desempeño de EUA en Venezuela para entender la política internacional que se puede desarrollar durante este 2026 (por lo menos), bajo la administración de Donald Trump.
Pero, por otro lado, parece que lo que estamos viviendo en estos días abre otra puerta interesante: la revisión de la geopolítica al interior de los Estados nación, porque en países con poblaciones copiosas, terrenos diversos, dispersos y de cierta magnitud, y con determinados tipos de recursos naturales y expresiones políticas, se antoja interesante el actuar de los liderazgos actuales al interior de sus países. Así que ya habremos de ver el desempeño de esas figuras y los reacomodos locales e internacionales a partir del ejercicio de la geopolítica.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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