¿Y la Reforma de Estado? (1)
“Usted es libre para hacer sus elecciones, pero es prisionero de las consecuencias”: Pablo Neruda
El mundo sigue girando, a pesar de las tonterías del pelos de zacate para los trastes, a pesar del agachismo colonial de Corina Machado, a pesar de la represión del régimen islámico en Irán, a pesar del genocidio en Gaza, a pesar de los pedófilos dentro y fuera de la Iglesia Católica, a pesar de las redes sociales, a pesar del aburguesamiento de la izquierda mediocre, a pesar de la invasión a Venezuela y los intentos por conquistar por la fuerza a Groenlandia, a pesar del capitalismo salvaje y brutal que azota sociedades enteras, a pesar de periodistas mediocres.
Y sí, a pesar de todos los males que aquejan a nuestro destruido planeta, la vida sigue. En unos países se trata de sobrevivir, en otros se trata de imponer una visión política que trate de ayudar al mayor número de personas, en otros se aplasta cualquier intento por lograr libertad y justicia; pero está muy canijo lograr que todos vivan en armonía con sus vecinos.
Los rusos le tunden duro y sabroso a los ucranianos, los hindúes en bronca ancestral contra los pakistaníes. Incluso, en nuestro país, broncas entre habitantes de una entidad contra otra, familias contra familias. La neta está cañón.
Y si a eso le agregamos la nula capacidad gubernamental nacional para encontrar la fórmula necesaria para resolver los problemas políticos que vivimos, puedo decir con absoluta seguridad que estamos de la chingada. No, no comparto la bestial narrativa de la derecha y ultraderecha, que ha demostrado su analfabetismo una y otra vez. No, es una cuestión de construcción de instituciones democráticas más sólidas, que apoyen gobiernos emanados de la voluntad popular, no de instituciones creadas para acomodar a la familia, para robar descaradamente y después acomodarse en el partido en el poder y, desde ahí, pedir con lágrimas en los ojos el perdón de sus pecados.
Algo parecido a quienes saborearon las mieles del poder en la época del partido hegemónico, los intelectuales orgánicos arrodillados ante los cañonazos de miles de pesos, ¿se puede tener vergüenza?
Leí las declaraciones de ex presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, respecto a la propuesta gubernamental de Reforma Electoral y, es neta, me dio lástima el tipo. Sin conocimiento de las codificaciones electorales de los 70 y 80 del siglo pasado, pero opinando como si hubiera ido a la nocturna a cursar Derecho Electoral. Así están nuestros intelectuales. No señor Córdova, la reforma constitucional no señalaba que se elegirían 300 diputados de mayoría relativa y 100 de representación proporcional.
El artículo 52 señalaba que se elegirían “… hasta 100 diputados de representación proporcional…”, es decir, conforme al clima político de la época, la Comisión Federal Electoral (controlada por el gobierno autoritario priísta), podrían elegirse menos diputados de RP. Todo dependería de las decisiones políticas del régimen y del estado de salud mental del presidente en turno.
Sí, el régimen para el que usted trabajó, señor Córdova, impedía el crecimiento de la oposición. ¿O no lo sabía? Pero es uno de los grandes problemas de algunos intelectuales: la falta de autocrítica.
Porque hasta la fecha no he escuchado de su parte la mea culpa de sus errores en el INE, de cómo llegó a la institución siendo parte del enjuague entre PAN, PRI, PRD y Peña Nieto (su jefe), de la contrarreforma electoral de 2014.
Pero sabemos cómo se las gastó junto a su cuate Edmundo Jacobo Molina, gris funcionario electoral, modernos Viruta y Capulina electorales, que salieron bien forrados de billelle.
Como ciudadanos críticos, estamos obligados a señalar los aciertos y errores de nuestros gobernantes. Es por ello que he insistido en que la reforma gubernamental, debe ir más allá para convertirse en una Reforma de Estado, que -así estoy convencido- es fundamental para el desarrollo del país. (Continuará).
