Manos que construyen, mundos que avanzan: ¿Hay lugar para los oficios en 2026? Primera parte
Mientras escribo estas líneas, una ligera lluvia invernal moja las calles. Debo confesar que eso me resulta, además de placentero, sumamente inspirador; espero que a ti también te regale un momento de pausa aunque sea por cuatro minutos, en este mundo que corre tan deprisa.
En mi colaboración anterior, abordé las tendencias que marcarán este 2026 en materia de profesiones. Como era de esperar, los reflectores apuntan a la tecnología, la innovación y los algoritmos que parecen dictar nuestro destino laboral.
Sin embargo, tras leer sus comentarios —reflexiones profundas de amigos muy queridos que habitan Tu Espacio Digital— me quedé con una inquietud que no me soltó en toda la semana: ¿Qué pasa con las manos que no tocan un teclado? ¿Qué sucede con quienes construyen nuestra realidad física mientras el mundo se obsesiona con la virtual?
Dos preguntas más: ¿Qué futuro espera a las nuevas generaciones que no desean continuar estudiando? ¿Y cómo se insertan en esta realidad las generaciones a quienes no les interesa la tecnología pero necesitan desempeñarse en un puesto laboral para sobrevivir?
Hoy no quiero hablar solo de códigos y nubes, sino de realidades humanas. Quiero analizar qué lugar ocupan los oficios y la labor de quienes, sin un título universitario o una especialidad en IA, luchan por no quedar fuera de la jugada en un mundo que se transforma a la velocidad de Internet.
¿Me acompañas a descubrir si aún hay espacio para todos en esta competencia? Ven, te invito un café.
Tal vez para muchos las respuestas podrían configurarse de manera simplista afirmando que sin un título, sin saber programar, gestionar datos, redes sociales o diseñar algoritmos, el destino es la precariedad.
No obstante, las cifras nos cuentan una historia muy diferente y con matices sumamente interesantes, como solemos decir quienes somos economistas: “entre el blanco y el negro, hay toda una gama de grises”.
En esta ocasión, me centraré en el caso de México no sin antes decir que ManpowerGroup encuestó a más de 1 mil empleadores en nuestro país para conocer si tenían dificultades para cubrir sus vacantes.
Esto como parte de un estudio que realizó en 42 países en los que participaron más de 40 mil empleadores.
El punto de partida es que si bien el avance tecnológico ha transformado la manera de trabajar, dando lugar a nuevos puestos que requieren habilidades renovadas, paralelamente en la era de la industria 4.0, las organizaciones enfrentan una escasez crítica de talento a nivel mundial, como consecuencia de un contexto de inestabilidad geopolítica, desafíos ambientales y sostenibilidad.
Durante 2025, la escasez de talento alcanzó un nivel récord y la expectativa es que continúe creciendo (ManpowerGroup, 2025).
A las personas encuestadas como parte del estudio, se les preguntó cuánta dificultad tienen para cubrir puestos en comparación con el año pasado, cuáles son los más difíciles de cubrir y qué están haciendo para superar la escasez de talento.
En este espectro, la realidad laboral en nuestro país se enfrenta hoy a una paradoja silenciosa: mientras el mundo digital acelera, la escasez de talento técnico en México ha alcanzado un umbral crítico.
Según el informe Escasez de Talento 2025 de ManpowerGroup, en México el vacío de perfiles capacitados llega al 77 por ciento en sectores clave.
Sin embargo —y aquí es donde el gris se vuelve revelador— este déficit no reside únicamente en los grandes centros de mando corporativo o en las oficinas de cristal; por el contrario, el vacío más profundo se siente en el corazón mismo de la operatividad técnica, ése donde el oficio y la precisión son los que realmente sostienen el engranaje de nuestra economía.
Con base en información del Observatorio Laboral (OLA) de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), con datos actualizados al cuarto trimestre de 2025, mientras de las universidades continúan egresando miles de abogados y administradores a un mercado saturado con sueldos base de 8 mil a 10 mil pesos, un técnico especializado en mantenimiento de sistemas híbridos o un soldador certificado para la industria del nearshoring está percibiendo ingresos que superan los 22 mil mensuales.
Aquí surge la primera gran revelación: el mercado ha dejado de retribuir la acumulación de años en un aula para comenzar a premiar la capacidad de resolución técnica inmediata. El mercado ya no paga por el ‘título’, paga por la solución.
Entonces, ¿hacia dónde miran los que no desean la universidad?
Esta gama de grises se vuelve más compleja cuando dirigimos la mirada a las nuevas generaciones. ¿Qué futuro espera a quienes deciden no transitar el camino académico tradicional? ¿Cómo se insertan en esta realidad aquellos que, simplemente, no sienten una vocación por los ceros y los unos del mundo digital?
Si esta entrega te atrapó, te espero en la siguiente con la segunda parte de la historia…
Nos leemos pronto.
