La corrupción y Ayuso son hermanas
“El poder no corrompe. El miedo corrompe, tal vez el miedo a perder el poder”: John Steinbeck
En días pasados, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, anunció que le entregaría la Medalla Internacional de la Comunidad a su jefe Trump, con motivo del 250 aniversario de la independencia norteamericana.
Ayuso participó, vía teleconferencia, en la llamada The Hispanic Prosperity Gala, que se celebró en la residencia del tal Trump en Florida. Agachona y lambiscona la presidenta madrileña no escatimó en elogios al dictador gabacho, mientras aprovechaba para quedar bien y dijo: “Que pronto Cuba, Nicaragua y otros países como México, rompan esas mismas cadenas, recuperen su libertad y pongan fin a los narcoestados que los dictadores de ultraizquierda están implementando allá donde pueden o se les deja, destruyendo familias, vidas jóvenes…”.
Vaya, vaya, el burro hablando de orejas. Ahora resulta que la corrupta presidenta de Madrid da lecciones de política, moralidad, honestidad y humanidad. Y lo digo porque están más que documentadas las transotas de esta señora (militante del derechista Partido Popular español), en su terrible paso por la administración pública.
Viviendo en un elegante piso en el centro de la ciudad, “regalado” por el hotelero Kike Sarasola, la señora vivió el confinamiento por la COVID 19, a quien le había otorgado un contrato por 560 mil euros (como constaba en los registros oficiales de la comunidad, que después desaparecieron misteriosamente). ¡Listilla la señora!
Y mientras ella se confinaba a todo lujo, las residencias de ancianos sufrían por la falta de atención de la señora Ayuso, sin que ordenara su trasladado a hospitales (porque no tenían lana los viejitos y viejitas), al grado de que se investiga, por ese “olvido” de Ayuso, la muerte de 7 mil 291 ancianos. Y no hablemos del caso de los cubrebocas, porque hasta el hermano de Ayuso se benefició de las transotas.
Resulta que se firmaron contratos con una empresa, de reciente creación en 2020, bajo la intermediación de Tomás Díaz Ayuso, quien se embolsó (según reportan varios periodistas) algo asó como 250 mil euros, para comprar material chafa a precios inflados. Los “empresarios” fueron condenados por el Tribunal Supremo por trácalas y debieron pagar cantidades millonarias de euros de indemnización. ¿Así de decente la señora Ayuso?
Y si a lo anterior le agregamos, los cargos de defraudación fiscal del novio de Ayuso, Alberto González Amador, el chisme se pone más interesante. Se sabe que este mono, en los peores momentos de la pandemia, se embolsó más de 2 millones de euros por ser intermediario en la compra de material para enfrentar la COVID 19. Este sujeto además trabajó para el grupo sanitario privado Quirón, utilizando una identidad falsa mientras recibía una buena cantidad de dinero. Por cierto, Quirón es la empresa favorita de Ayuso a la que ha entregado jugosos contratos de millones de euros.
Pues bien, el noviecito de Ayuso no declaró impuestos y fue imputado por delitos fiscales. Él mismo se declaró culpable de tales delitos y quiso llegar a un acuerdo con el fisco, pero después cambiaron las cartas y el fiscal general encargado de juzgarlo, fue acusado de filtrar información y el Tribunal Supremo (de mayoría afín al Partido Popular, al que pertenece Ayuso) lo condenó. O sea que la justicia aquí y en China es una carta de cambio político.
Total, que las palabrejas de Ayuso no son más que una serie de tonterías propias de una mujer corrupta, delincuente que debe de pagar sus cuentas con la ley, siempre que no gane el Partido Popular, porque seguro le darán inmunidad como premio a la más corrupta del partido (y varios están compitiendo por dicho premio). Y un mensaje a la tal Ayuso: cuando hable de México, primero límpiese el hocicote.
