GUADALUPE. En el número 1547 de la calzada Siglo 21, esquina con Virgen del Patrocinio, en Las Quintas, despiertan todas las mañanas con un comal que pasa de tibio a caliente, mientras la masa comienza a tomar forma entre manos y el vapor de los guisos desprende un aroma que poco a poco atrapa a los primeros clientes del día.
Detrás de esta escena cotidiana hay algo más que un puesto de comida. Se trata de una historia de esfuerzo de mujeres trabajadoras y una familia que decidió unirse para apostar por un sueño: salir adelante.
HISTORIA
El nombre del negocio es Gorditas Nandis y María Ceila García Villagrana encabeza este proyecto. La historia de este negocio nació en la simplicidad de una filosofía de vida: el gusto por comer bien.
Los familiares de su esposo tenían un comercio y “éramos fans de esas gorditas y vimos la oportunidad de poner nuestro local. Nos aventamos, mi esposo, mis hijos y yo”.
Así empezó una travesía gastronómica que poco a poco fue sumando a más mujeres, muchas de ellas madres de familia que se apoyan mutuamente para sacar adelante el que es su sustento de vida.
“Tenemos ya cinco años con el negocio”, cuenta María con orgullo, sin descuidar la atención de los comensales que no dejan de vigilar el comal.
Al principio, recuerda, solo vendían gorditas; sin embargo, la variedad de clientes derivó en una transformación del menú por uno más amplio que hoy incluye desayunos completos y comida casera.
VARIEDAD
En total son 14 guisos diferentes: chicharrón, yesca, huevo, bistec, picadillo, frijoles, moles, chile relleno, carne de puerco con nopales y papas con queso.
Aunque también ofrecen chilaquiles y huevos al gusto con frijoles; o comida corrida como carne en su jugo, pollo a la plancha y chuletas en salsa de tomate.
Para acompañar no faltan las malteadas, aguas frescas o refrescos; y si quiere acabar de llenar, también hay postres.
Aunque “las gorditas siguen siendo lo que más pide la gente”, reconoce María Ceila.
NEGOCIO DE MUJERES
Preparar todos los guisos, amasar y cocinar no es una tarea sencilla, pero tampoco imposible. El secreto, dice la fundadora, está en algo que todas comparten: el gusto por la cocina, cuyos principales comensales y críticos son sus hijos.
Ese toque casero, comenta, es precisamente lo que ha hecho que muchos clientes regresen una y otra vez; comida hecha con paciencia, dedicación y, sobre todo, con cariño “es el amor de mamá, por así decirlo, el que le ponemos a la comida”.
De las 8 a las 16 horas todos los días de la semana, Gorditas Nandis se ha convertido en un espacio familiar, donde el trabajo de varias mujeres se transforma en platillos que seguro cambian el día de sus comensales.
