Ser Guardiana
Hola, aquí les cuento cómo me convertí en una guardiana del patrimonio cultural.
Yo soy Regina, alumna de 5°A de la escuela primaria “Niño Minero”, del municipio de Vetagrande, Zacatecas. Hoy les contaré, a mi manera, cómo me convertí en una guardiana del patrimonio.
Todo empezó cuando personal de la Fiscalía General de Justicia del Estado de Zacatecas y la Junta de Protección de Monumentos y Zonas Típicas del Estado de Zacatecas, vinieron a mi escuela a darnos un taller y una lección sobre los valores y el respeto a la ley. Llegaron y nos empezaron a hablar sobre la corrupción, la legalidad y el respeto a los monumentos y la propiedad. Después de todo eso, llegó el momento de pintar.
Te preguntarás: ¿“pintar”? Pues ahí comenzó la segunda parte de la actividad: ¡pintar! Nos dieron una pieza de barro, pinceles y pintura. Nos pusimos a crear con libertad. Una vez que todos terminamos, nos pidieron que paráramos de pintar y nos pidieron hacer algo impensable con nuestra pieza de barro, luego de eso, nos dieron algunas ideas sobre cómo podíamos restaurarla.
Nosotros, las personas, rayamos y destruimos la cultura o la propiedad en un segundo, ya sea un monumento histórico, un edificio, la propiedad de alguien más. No importa cuántas veces se restaure o qué tan cuidadoso sea el trabajo de reconstrucción, simplemente no queda igual. Y eso afecta nuestra identidad, lo que somos como comunidad y la propiedad de las personas.
Pero existen normas y leyes que protegen todo eso y deben respetarse. Y yo, ahora que pertenezco a los Guardianes, les invito a reflexionar sobre el respeto y cuidado de nuestro patrimonio. Podemos lograrlo si seguimos las normas y leyes. Les daré un ejemplo:
Hace algunos meses dejé de ver las paredes agrietadas de la capilla de San Juan como una ruina. Empecé a escucharlas. Cada grieta nos cuenta cuánto faltó el agua, quién subió sin permiso, también las voces y fiestas que se celebraron bajo su techo. Ser guardiana no es custodiar piedras, es traducir esos susurros para que otros también lo escuchen y que la corrupción no se apodere del atrio. Es ejercer la honestidad e integridad para transmitir ese cariño y respeto hacia nuestra cultura y hacia el espacio comunitario donde vivimos.
Mi día como guardiana, con lista en mano, consiste en registrar: la humedad en las paredes, niños que juegan a la pelota junto a la escultura de San Juan Bautista, o la señora que limpia las ventanas de la capilla y que mantiene las cortinas limpias.
Como Guardiana: identifico, anoto y aviso. Los guardianes somos honestos y yo no aceptaré sobornos de quien promete agilizar permisos si dejamos pasar una grieta sin registro. El olvido avanza mucho más rápido que la lluvia, y así, la justicia histórica se pierde. La gente olvida todo muy rápido.
Le pedí a mi abuelo que me mostrara fotos antiguas del lugar donde vivo, un lugar muy bonito. Me doy cuenta de lo diferente que estaba esta bella capilla, pero el tiempo y, principalmente nuestra indiferencia, la han cambiado. Identifico, anoto y aviso; no porque quiera prohibir a nadie cuidar lo que no ama, sino porque sin registro el olvido avanza más rápido que la lluvia.
No pido que me feliciten por salvar el pasado. Pido que el día que pasen frente a la capilla, o por el jardín, levanten la vista y reconozcan la cornisa que sus abuelos tocaron y construyeron. Si eso ocurre, mi trabajo y nuestra integridad colectiva estarán cumplidos.
Por ahora, me despido de ustedes con cariño…
Regina Guerrero Soto, Guardiana del Patrimonio.
*Alumna de la Escuela Primaria Niño Minero, 5o A, Vetagrande, Zacatecas.
